La era de la tecnología

He leído un artículo que me ha gustado. Se trataba de un estudio analizando el comportamiento de los clientes de un restaurante. Este restaurante en cuestión quería saber porqué su servicio parecía mucho más lento que antaño. Era, de hecho, la principal queja de los clientes.

Comparando grabaciones de hacía 10 años pudieron observar y estudiar los cambios que se habían producido y así tratar de averiguar cuál era el problema. Dejo el enlace para quien quiera leerlo pinchando aquí. Para quien prefiera un resumen, el restaurante se da cuenta de que en 2004, la gente llegaba, se acomodaba en su sitio, cogía la carta, se lo pensaba, pedía, le traían la comida, terminaba de comer, pedía la cuenta, se la traían, pagaban, recogían y se iban. Y en ese proceso tardaban de promedio 65 min. Creo que yo suelo tardar menos, pero los pasos del proceso entran dentro de lo normal que suelo hacer. Y la mayoría dirá lo mismo. ¿Entonces? ¿Qué elemento hay hoy día que no hubiera hace 10 años y que consiga que una tarea se realice de forma mucho más lenta?

Exacto, los smartphones.

Hoy día en ese restaurante, entre que el cliente se sienta a la mesa y abre la carta, se introduce un paso más, que es consultar el whatsapp, fb, twitter, hacerse fotos -y muchas veces, ya sea al llegar o antes de irnos, es el camarero quien se ve “obligado” por los clientes a realizar esas fotos, dejando momentáneamente de atender otras mesas y ralentizando aún más el proceso-, etc. Ese paso demora los siguientes. Cuando la comida llega, antes de empezar a comer se hacen fotos de la comida (como si nunca nadie hubiera visto una hamburguesa, o como si fuera crucial que tus conocidos supieran de dónde vas a sacar los nutrientes esta noche). Comenta el artículo que las fotos llevan colateralmente la posibilidad de que no salgan tal y como queríamos, por lo que tal vez haya que repetir; a lo que yo añado que antes de hacer la foto hay que preparar lo que se va a fotografiar, pues la preparación de la foto es crucial para reflejar exactamente lo que  quieres que tus followers perciban. Eso retrasa más aún la ingesta. Ya sabemos que por lo general -y con la comida suele cumplirse- cuando antes empieces, antes terminas. El artículo menciona que muchos clientes pedían retirar la comida por estar fría; muchísimos más en comparación con 10 años atrás. ¿En cocina se funciona peor y no terminan de hacer bien los platos? De nuevo el factor smartphone entra en escena, siendo la probable causa velada.

En total, según el estudio, en ese restaurante un cliente entra y sale en una media de 115 minutos. Eso son 50 minutos más que hace 10 años. Han pasado de estar poco más de una hora a tirarse poco menos de dos.

En fin, aprovecho todo esto para mostrar mi contrariedad al uso abusivo de estos cacharros. Son herramientas para facilitar la vida, pero no son tu vida. Y esto muchos contactos de mi facebook parece que no lo saben.

Y para terminar, aprovecho para meter algún que otro enlace que explica lo que resulta lógico a los ojos de muchos:

http://www.telegraph.co.uk/technology/social-media/10261422/Selfie-photographs-trend-puts-children-at-risk-of-abuse.html

http://www.publico.es/464343/subir-autorretratos-a-facebook-puede-ser-sintoma-de-inseguridad

http://www.lagaceta.com.ar/nota/557864/tecnologia/subir-fotos-facebook-senal-baja-autoestima.html

 

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Spartacus: el juego de mesa

El éxito de Spartacus como serie de televisión no ha sido equivalente a su calidad, en gran parte por su altísimo contenido en sexo y violencia explícita. Para mí no son más que alicientes para una serie con una trama apasionante, cuyas dos primeras temporadas principalmente, me cautivaron. Mentiras, conspiraciones, traición, palabras cargadas de veneno… honor y deshonor. ¿Sería posible llevar todo eso a un juego de mesa?

Hace un par de años vi en una tienda que habían sacado el juego de mesa de Spartacus (A game of blood and treachery) y pensé que sería un gran regalo de cumpleaños para mi primo, amante también de la serie. Y lo fue; probablemente el regalo mejor amortizado de la historia (habremos jugado una media de prácticamente una vez por semana desde entonces… engancha). Parecía difícil aunar la emoción de los combates con la intriga de las tramas, pero el juego lo consigue sobradamente al estar compuesto de varias fases distintas, unas donde predomina la astucia de usar bien nuestras cartas, otras donde es la suerte de los dados la que decide…

En este análisis voy a desgranar los puntos a tener en cuenta, así como la dinámica general del juego.

 

· Contenido: El juego viene en una caja cuadrada de unos 30×30 cm, en la que encontramos el tablero que representa el anfiteatro, 4 figuritas de gladiadores, 4 tableritos de personaje, 80 cartas de intriga (para conspirar y sacar beneficio o putear a otros), 62 cartas de mercado (gladiadores, armas, esclavos…), 4 cartas de resumen, bastantes dados rojos, negros y azules, marcadores varios y muchas monedas.

· Dependencia del idioma: La dependencia es grande, pues todas las cartas tienen su leyenda escrita. Tanto el juego original como la primera de las expansiones las tenemos ya en español. La versión inglesa de la segunda expansión está aúnpor salir y no creo que la tengamos traducida hasta dentro de un añito al menos. (Todas las imágenes que completan este post han sido sacadas del buscador de Google, por lo que la mayoría son de la versión original en inglés del juego)

· Espacio requerido: Para jugar necesitaréis tantas sillas como jugadores haya, así como una mesa lo suficientemente amplia como para que quepa el tablero (extendido debe medir unos 60×60 cm) y los jugadores. La banca se puede colocar en otra silla o, si os apañáis un bowl, ocupará poco espacio en la mesa y estará a la vista de todos (se presupone que nadie hará ese tipo de trampas, pero por si acaso). Para estar cómodos, la mesa debería ser de al menos 1 metro de ancho.

· Número de jugadores: Creo que oficialmente es de 2 a 4. Aunque jugar dos personas debe ser muy aburrido al no poder hacer alianzas o traicionar. Con 3 se consigue paliar esto, pero creo que el número óptimo de jugadores, bajo mi punto de vista, es 4. Es importante recalcar que no es un juego para niños, principalmente por el lenguaje utilizado en las cartas.

· Objetivo: A lo mejor parece de perogrullo, pero para ganar es necesario que el resto no gane. Y para ello es imprescindible  tratar de “putear” al que despunte. Ganará el que consiga llegar y mantenerse una fase completa en el nivel 12 de influencia.

Pero antes de seguir me permito la licencia de añadir otro objetivo aplicable a cualquier juego, pero mucho más a éste: dejar el juego a un lado y seguir tan amigos cuando se acabe, porque en el juego tenemos que vender a nuestra madre si hace falta (y permítanme tan bajuna expresión, pero es la que mejor lo describe).

· Duración: En Spartacus tenemos la ventaja de poder elegir (a priori y de forma aproximada) la duración de las partidas según empecemos en un nivel de influencia más bajo (partidas largas, pues tardaremos en escalar hasta el nivel 12) o un nivel más alto (partidas cortas). Jugando 4 jugadores, una partida desde el nivel 1 es raro que baje de las 2 horas. Jugando desde el 6, entre una hora u hora y media. Empezar desde el 9 o más arriba no tendrá demasiada emoción, pero en 30 minutos puede estar acabada. Todo esto depende mucho de las cartas que nos toquen, de nuestra estrategia y de si nos dedicamos a ir a nuestra bola o intentando que otros no ganen.

· Descripción del dominus: En Spartacus asumes el rol de un personaje [dominus]: Batiatus, Glaber, Tulius o Solonius. Éste será propietario de esclavos, gladiadores y guardias. Por medio de alianzas con otros dominus, visión para los negocios y la suerte de los dados, debes conseguir puntos de influencia.

En la imagen vemos el tablerito de Solonius, cuya marca es un solecito blanco sobre fondo morado (cada dominus tiene la suya propia). Arriba vemos unos números del 1 al 12, con un marcador sobre el 4, que indican la influencia que tenemos actualmente. Bajo los números pone “hand size”, que indica el número de cartas de intriga que podremos tener en la mano. El recuadro de la izquierda que pone Special Rules dice cuales son las habilidades especiales de este dominus (todos tienen 2 habilidades distintas a los de los demás, a priori equilibradas con las del resto, aunque Batiatus está en cierta desventaja). Justo a la derecha hay otro recuadro más estrechito que nos indica que este personaje empieza con 2 gladiadores, 2 esclavos, 1 guardia y 12 monedas. A la derecha de la imagen de nuestro personaje está la tesorería, donde tendremos que tener siempre visibles nuestras monedas salvo en la fase de mercado, que las podremos esconder en nuestra mano. En la imagen también podemos ver esclavos, que nos aportan cada uno una moneda al comienzo de cada ronda; gladiadores, que nos cuestan cada uno una moneda pero que nos permiten luchar con ciertas garantías en la arena; y guardias, que nos defienden de las conspiraciones que hagan contra nosotros. Vemos que todas las cartas tienen un número en la esquina inferior izquierda. Ha dado la casualidad de que en todas las de la imagen sale el número 2. Ése es el precio en monedas que te daría la banca si vendieras esa mercancía.

Las cartas de intriga: En la esquina superior izquierda tienen un número. Ese número indica la influencia mínima necesaria para usar esa carta. Si la carta que quiero usar tiene el número 8 y yo sólo estoy en el nivel 6, tendría que pedir ayuda a otro dominus para unir influencias o, si ninguno quiere ayudarme, me aguanto y no la uso en ese momento o la vendo directamente. Son intransferibles (a excepción de los guardias, que se pueden vender a otros jugadores en la fase de mercado, que luego veremos), así que a lo mejor te conviene venderlas por su valor de mercado (recordemos, el numerito de la esquina inferior izquierda).

Las cartas de mercado: En la fase de mercado se puja por ellas, y también se pueden comprar y vender a otros jugadores o a la banca. Nuestras cartas de mercado estarán siempre visibles en la mesa y pueden estar preparadas (boca arriba, listas para ser usadas si se las requiere), agotadas (se las pone boca abajo y como si no existieran hasta la siguiente ronda) o descartadas (ya no son nuestras, se desechan al mazo común de descartes, como si estuvieran muertas), según las vicisitudes del juego. A la izquierda tienen un cuadrado rojo, otro negro y otro azul, con números dentro. El número del cuadrado rojo indica el número de dados de ataque con los que pelearía en la arena, el negro son los dados de defensa y el azul los de velocidad. Más abajo explico para qué sirven y como se usa cada uno.

El dinero: Puede moverse libremente. Puedes acordar con otro dominus que si te paga dos monedas le ayudas en una conspiración, cobrar ese dinero y luego no ayudarle… Aquí depende de cada situación, de tu estrategia, pero case se puede decir que con el dinero todo vale, mientras esté visible siempre que no sea la fase de mercado.

Los marcadores: Son cuadraditos o circulitos con el símbolo de cada dominus dibujado. También hay otros verdes que se dan a los gladiadores victoriosos, o rojos, que se les dan a los heridos para indicar su estado.

· Dinámica: Cada ronda del juego está compuesta de 4 fases (mantenimiento, intriga, mercado y arena) que se van repitiendo cíclicamente. Con el juego vienen unas tarjetitas que resumen y describen brevemente cada fase. Serán muy útiles en las primeras partidas hasta que se le coge el truco.

1. Mantenimiento: la primera fase es la de hacer balance, pero me permitiréis que la explique la última.

2. Intriga: Se reparten 3 cartas de intriga a cada dominus y por orden, cada jugador usa sus cartas (o las vende, o se las guarda para después)o sus habilidades especiales. Hay tres tipos de cartas de intriga:

Azules, de conspiración: Sirven para ganar dinero, para herir a gladiadores de dominus rivales, para subirte influencia… Hay muchas distintas con decenas de posibilidades. Solo se pueden usar en tu turno de la fase de intriga.

Rojas, de reacción: Se usan por lo general como “reacción” (de ahí su nombre) a algún suceso que ocurra en el juego, ya sea en la fase de intriga o en otra fase. Por ejemplo pueden anular una conspiración de otro dominus o atacar a alguien que no tenga dinero.

Marrones, guardias: también se pueden considerar de reacción, pues se usan cuando has sido objeto de una conspiración. Tiras un dado y sacando 4 o más se anula la conspiración.

Los guardias puedes bajarlos a la mesa o tenerlos en la mano, pero recordemos lo de “hand size”: al acabar la fase de intriga puedes tener como máximo X cartas, según tu nivel de influencia. Si vas a acabar tu turno y aún bajando guardias a la mesa tienes más cartas de la cuenta, vende las que menos útiles te resulten.

3. Mercado: En este momento podemos vender mercancías como esclavos, guardias o gladiadores. Podemos también comerciar con otros dominus. Tras esto, se ponen sobre el tablero, boca abajo, tantas cartas de mercado como jugadores haya. Se levanta una y cada dominus pone en su mano tantas monedas como esté dispuesto a gastar en esa carta (el precio de la carta es orientativo y por lo general se queda corto a la hora de pujar). Cuando se abra el puño, el que más haya pujado se lo lleva. Su dinero va a la banca, el de los demás vuelve a la mano y se sigue levantando la siguiente carta. Cuando se acaben las cartas, se hace una última puja por ser anfitrión.

4. Arena: El anfitrión se lleva un punto de influencia por organizar el combate e invita a dos dominus (puede invitarse a sí mismo, si quiere) a que participen. Los jugadores invitados pueden sacar a uno de sus gladiadores para pelear. Si no tuvieran ningún gladiador preparado, pueden decidir salir con un esclavo o directamente no participar, a coste de bajarse un punto de influencia. Una vez sacados los gladiadores se puede apostar sobre quien ganará, si uno de ellos quedará herido o si alguno morirá. Los jugadores cogen tantos dados rojos, negros y azules como se indique en la carta del gladiador correspondiente, colocan figurita en el tablero (y sus armas, si hubieran comprado alguna en la subasta del meracado) y empieza el combate:

 

 

 

 

 

 

 

 

La arena: El tablero está dividido en hexágonos. Cada gladiador empieza en una casilla inicial y se irá moviendo tantos hexágonos como dados azules tenga, hasta llegar al oponente.

Movimientos: los dados azules (dados de velocidad) se lanzan y sirven para ver quien empieza a moverse. El que más puntuación saque, decide si quiere moverse primero o prefiere que sea el adversario. Estos dados serán útiles no sólo para ver quien empieza, sino porque el número de dados que tengamos indicará el número de hexágonos que uno puede moverse. Una vez se haya movido uno, le toca moverse al otro. Esto es lo que se conoce como una iniciativa. Cuando ambos se hayan movido, vuelven a lanzar una nueva iniciativa. En cada iniciativa un jugador puede moverse y atacar (si llega junto al oponente) o atacar y después moverse (alejarse).

Ataques: Una vez un gladiador haya alcanzado al otro (esté en un hexágono contiguo) puede atacar lanzando todos sus dados rojos (dados de ataque). El otro gladiador lanza todos sus dados negros (dados de defensa) y se compara cada dado, uno a uno de mayor a menor.

Resolución de heridas: En caso de empate, los dados de defensa ganan. En caso de que un dado de ataque no tenga un dado negro de oposición, haría una herida si ha sacado un 3 o más.

En la imagen de arriba se puede ver un ejemplo. Comparando el dado rojo más alto con el dado negro más alto, la cosa quedaría que el 6 rojo contra el 4 negro, gana el rojo: una herida. El siguiente dado rojo es un 3, igual que el siguiente negro. En caso de empate gana la defensa (negro) por lo que no hay herida. El siguiente dado de ataque es un 1 y en defensa un 2. La defensa es mayor por lo que tampoco hay herida. Finalmente hay un último dado rojo sin oposición (no hay más dados negros) pero como ha salido menos de 3, tampoco hace herida. En total ha habido una sola herida. El jugador que se defendía debe ahora deshacerse de un dado, ya sea rojo, azul o negro. Si hubieran sido 3 heridas tendría que quitarse 3 dados. La única condición es que debe conservar al menos un dado de cada color. En caso de que el jugador contrario no se haya movido, puede atacar ahora; se resuelven las heridas y se vuelve a lanzar una iniciativa hasta que uno de los dos se quede sin dados

Final del combate: Cuando uno de los dos gladiadores pierda todos los dados salvo 2, acaba el combate y ese gladiador se considera derrotado. Si le hubieran hecho más heridas y sólo le quedase 1 dado, quedaría herido (ganando dinero aquellos que apostaron por que habría herida). Si el ataque hubiera sido tan grande que perdiese todos sus dados quedaría decapitado, por lo que el jugador perdería al gladiador y quienes hubieran apostado en decapitación, habrían ganado.

El anfitrión de los juegos decide si el perdedor vive o muere. El dominus propietario del ganador del combate subirá un punto de influencia y recibirá una marca de favor para su gladiador. Con ella, al volver a pelear recibirá dos monedas de oro y tendrá la “tranquilidad” de que si en otro combate pierde, el anfitrión perderá tantos puntos de influencia como marcas de favor tenga el gladiador que mate (por lo que no suele ser habitual que se maten a gladiadores con marca de favor). Al conseguir 3 marcas de favor, un gladiador se convierte en campeón, haciendo subir un punto de influencia a su propietario y que no pueda ser muerto por un anfitrión.

1. Mantenimiento: Ahora sí. Si tuviéramos algún guardia, esclavo o gladiador agotado de la ronda anterior, le damos la vuelta y lo tendremos restablecido. Si en el combate uno de los gladiadores resultó herido, el propietario tirará un dado, curándose si saca más de 4, quedándose herido si saca 2 o 3 y muriendo si saca 1. Una vez actualizados todos nuestros guardias, esclavos y gladiadores, haremos balance y recibiremos dinero o tendremos que pagar en función del número de esclavos (+1 moneda) y gladiadores (-1 moneda) que tengamos; muchos gladiadores implican una fuerte economía que los mantenga. De hecho si no tenemos suficiente dinero para pagar por nuestros gladiadores, habrá que descartarse de ellos.

Y así se vuelven a suceder las 4 fases de cada ronda, hasta que uno de los dominus llegue a 12 de influencia y se mantenga hasta el final de esa fase.

· Estrategias: Se puede ganar de muchas formas, y al final cada uno se crea sus propias estrategias en función de su suerte con los dados, el personaje que le toque o cómo estén actuando los rivales. Aquí van algunos consejos generales que pueden servir de ayuda a un jugador inexperto:

Estrategias en la intriga: No utilices muchas cartas para subirte influencia muy pronto, sólo lo justo para poder hacer ciertas conspiraciones, pues el primero que se destaca suele ser el objetivo de todos los ataques. La habilidad especial de cada dominus de subir influencia al descartarse de esclavos, gladiadores o guardias, según el personaje, está genial porque no puede ser anulada por cartas de reacción. Por eso, es recomendable no usar esta habilidad hasta que la victoria esté próxima. Cuando seas anfitrión, procura no agotar muchos guardias, pues al ser el primero en jugar la intriga, estarás poniéndote una diana en el pecho para que los demás dominus te ataquen en su turno. En cambio, si eres el último en jugarla, quédate todo lo indefenso que quieras, pues los demás no podrán hacerte nada salvo si te quedas sin gladiadores, que pueden tirarte la reacción Ludus vergonzoso o si te quedas sin esclavos, que te tirarán Burdel vacío, ambas bajan 1 punto de influencia a quien no tenga gladiadores o esclavos preparados. Por ello nunca es recomendable agotar todos los esclavos o gladiadores (a no ser que se hayan usado o vendido las dos cartas de cada que hay en el mazo). Si te toca la carta La polla de Júpiter, no la uses a la ligera, solo en situaciones críticas, pues puede ser la que decida una partida.

Estrategias en el mercado: Al principio de la partida es bueno invertir en esclavos, pues los vas a amortizar en la fase de mantenimiento. También es recomendable invertir en equipamiento, pues en el combate marcará la diferencia. Los gladiadores pueden esperar. Si empatas en una puja y crees que la mercancía lo vale, al volver a pujar puja 2, pues el oponente suele pujar 1. No apuestes todo; quédate al menos con una moneda para que no puedan usar contra ti la carta Indigente (la reacción hermana de Burdel vacío y Ludus vergonzoso que baja un punto de influencia al dominus que se queda sin dinero). Hay que tener en cuenta el futuro balance del mantenimiento: si tienes más gladiadores que esclavos, debes ser precavido para no quedarte a 0 cuando hagas el balance.

Estrategias en la arena: Aunque la suerte de los dados tiene un papel innegable en la victoria de la fase de arena, una buena estrategia marcará la diferencia. Al principio, cuando uno lleva poco jugando y en la arena te hacen una herida, uno se suele quitar dados de velocidad, pues los consideran los más prescindibles. Con el paso de las partidas te das cuenta de que tener ventaja en los dados de velocidad aumentan muchísimo las probabilidades de ganar y tratas de no perder dados azules. Muchas veces, cuando los oponentes están alejados y habiendo ganado la iniciativa, es más recomendable dejar que el oponente se mueva para poder atacarle tú después y quitarle así la posibilidad de contraataque. Después, es recomendable alejarse o quedarse junto al oponente según si tienes ventaja en dados de velocidad o no. Si la tienes, arriésgate y no te muevas, pues si ganas la iniciativa podrás alejarte, haciendo que él se mueva para perseguirte y además no podrá alcanzarte para atacarte.

· Traducción: Por un lado, las instrucciones del juego vienen bien traducidas y explicadas. No se dejan cabos sueltos ni muchas dudas por resolver, incluyendo ejemplos aclaratorios. En cambio, muchas cartas, principalmente de equipamiento, traen faltas de ortografía, como “javalina” o “ecsudo”. También algún que otro fallo en la traducción, como en la descripción de las hachas, donde han traducido “negocia una herida” en vez de “causa una herida automática”.

· Expansiones: Desde hace algunos meses jugamos también con la expansión The serpents and the wolf, que aumenta el número de jugadores a 6, incluyendo a Seppius y a Varinius. Además de nuevos gladiadores, esclavos y cartas de intriga, su principal novedad son los primus: combates en la arena entre 4 participantes (2 equipos de 2 gladiadores). Con esta expansión, la duración aumenta considerablemente pero las partidas se vuelven más interesantes.

Otra expansión, The shadow of death, saldrá del horno estas navidades, pero aún no se sabe mucho de ella, sólo que incluye otro personaje más (Calavius) y que modifica -para bien- a Batiatus (claramente el dominus de peores habilidades) y algunos gladiadores como Crixus, Spartacus o Theokoles, que con solo 2 dados de velocidad se hacía menos imponente de lo que a priori debía ser.

· Precio: Es el normal para un juego de estas características: 39’95€, aunque en algunas tiendas lo he visto rebajado a 34€.

· Valoraciones finales: 

Respuesta corta: Merece muchísimo la pena.

Respuesta un poco menos corta: Es un juego que no te aburre, pues cada partida es distinta a la anterior. Cada dominus requiere de estrategias distintas y dominarlos se vuelve un proceso muy entretenido. La jugabilidad es muy grande y cualquiera puede ganar la partida en una jugada maestra. El control del tiempo de juego también es una ventaja y su dificultad para dominarlo, aunque no es poca, en dos partidas se solventa.

Si tuviera que puntuarlo, le daría un 9’9/10.

 

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Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

1. Si yo hoy pongo en mi facebook “…my soul is painted like the wings of butterflies...”, probablemente no signifique lo que literalmente significa; es posible (aunque tampoco) que signifique que estoy enamorado o que me he vuelto más emocional que de costumbre… pero sólo un buen melómano conocedor de Queen, caerá en la cuenta de que estoy mencionando The show must go on, uno de los últimos grandes éxitos de la banda. Y aunque no escriba la letra al completo, por medio de ese fragmento estoy citando la canción entera.

2. Los judíos son un pueblo curiosísimo, y en tiempos de Jesús, si me apuras, más aún. Como decía Flavio Josefo, son gente que se sabe su biblia de memoria, que la conocen mejor que su propio nombre. La recitan una y otra vez, discuten las palabras de sus profetas, cantan sus salmos… y todo con una fluidez digna del mejor de los opositores a registro.

3. Yo de chico jugaba a una cosa que llamábamos “el teléfono escacharrao”, seguro que lo conocéis. El juego consiste en que le dices al oído una frase a uno, ese uno se la dice a otro… y cuando llega al último, la frase final no tiene nada que ver con la inicial. También vemos en los periódicos o en la televisión, que un mismo hecho es abordado y comunicado de forma muy distinta según quien lo difunda.


Una vez hecha esta introducción de 3 partes, inconexas a priori, voy a dar cuerpo y concluir mi reflexión:

Jesús no escribió nada. Aun así conocemos bastantes cosas de sus últimos meses de vida (anterior a ello no conocemos NADA) pues hubo gente que se preocupó por recordar sus hechos y palabras hasta que, finalmente, se pusieron por escrito, lo cual ocurrió entre 40 y 70 años después de su muerte. Eso es mucho tiempo, ciertamente, pues como decía en el punto 3 de la introducción, el número de bocas por las que pasa un mensaje y la perspectiva y subjetividad de cada uno de los eslabones de esa cadena influirán en el resultado final. Con esto pongo en relieve que aunque los evangelios son libros de Historia, esa Historia está contada desde el prisma de la fe y con al menos 40 años de desfase desde que ocurrieron los hechos que se narran.

Muchas veces leemos en los evangelios palabras puestas en boca de Jesús que no solo resultan crípticas, sino que no vienen acompañadas de explicaciones. ¿Por qué? Pues porque el público al que esas palabras iban dirigidas no necesitaba explicación: sabían perfectamente a qué se refería. Esas frases aluden a los profetas o a salmos, pero la mayoría de nosotros no somos capaces de relacionarlos sin sabernos la biblia de memoria, como ellos (punto 2).

Cuando Mateo en 27, 46 y Marcos en 15, 34 expresan que Jesús crucificado exclamó: “Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?”, para un judío de la época está claro y meridiano que esas palabras que se ponen en boca de Jesús son una cita del salmo 22,  que no hace falta recitarlo completamente sino que con decir las primeras palabras -como pasaba en el punto 1 de la introducción con la canción de Queen-, un oyente instruido sabe a qué se alude.

Acorde al derecho romano de la época, los ajusticiados por delitos de sedición, crucificados, no podían estar asistidos ni acompañados en su agonía. Resulta lógico para evitar alborotos o incluso intentos de liberación. Por tanto, lo normal es que nadie estuviera cerca para recoger las palabras de Jesús, si es que tuvo fuerzas para decir algo. Eso dio juego a los evangelistas para poder usar teológicamente ese momento de enorme carga emocional: La conversación con los dos ladrones de Lucas, el “Mujer, ahí tienes a tu hijo” de Juan…

Es curioso que todos comentan que al crucificarlo, los soldados se repartieron sus ropas. Juan, como de costumbre,  profundiza en numerosos detalles, como que eran cuatro soldados y que además de sus ropas quisieron repartirse su túnica, pero como no tenía costuras se la echaron a suertes y así se cumplió la escritura. Esa escritura es también el mismo salmo 22, un salmo de agonía ligado a la figura del Mesías que debe liberar al pueblo elegido de los opresores.

Pues es precisamente el afán de los evangelistas por hacer que en Jesús se cumpla la escritura lo que hace que amolden muchos detalles de su vida, como su nacimiento en Belén, su entrada a Jerusalén en un burro, su nacimiento de una virgen (traducción griega del texto de Isaías 7, 14, donde el original hebreo “joven” se traduce por “virgen”, de ahí que cuando se reinterprete la figura de Jesús se le atribuya un nacimiento milagroso).

Finalizando: ¿Realmente se repartieron los soldados sus ropas? ¿Jesús se quejó del abandono de Dios? La respuesta es que nadie puede saberlo a ciencia cierta, pero lo más probable es que no, pues son detalles amoldados para encajar en las escrituras.

 

 

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Rebus sic stantibus

Que vendría a ser “…mientras no cambien las circunstancias”

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En el capítulo 20 del Éxodo encontramos lo siguiente:

No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.  No te inclinarás ante ninguna imagen, ni las honrarás; porque yo soy Yahveh tu Dios, fuerte, celoso, que castigo la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,  y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

Es parte de lo que la tradición dice que contenían los mandamientos que Dios escribió para que Moisés se los comunicase a su pueblo y solo a ellos, que para eso eran el pueblo elegido para la alianza, aunque después se haya hecho prácticamente universal. Y la pregunta que me hago es: ¿Siguen los cristianos esos mandamientos?

El resto de los mandamientos se cumplen con mayor o menor pudor, pero estos que he citado me chirrían muchísimo, principalmente en Sevilla, donde cada dos por tres presenciamos adoraciones a esos ídolos (según la RAE: 1. m. Imagen de una deidad objeto de culto.), tallas de madera creadas con enorme destreza y arte, salidas del taller de un artesano, pintadas a mano y perfectamente cuidadas que representan principalmente a Jesús o a la Virgen María, Ídolos. Y no hay uno, hay cientos, miles… 

Cada vez que escucho la veneración con la que los sevillanos (generalizando, que yo soy sevillano y no lo hago) se encomiendan, no a Jesús, ni a Cristo, ni a Dios, sino a tal o cual advocación de la parroquia de la que son parroquianos desde shiquitito, como diría Lopera, se me corta el cuerpo. 

Cada vez que oigo eso de que la Esperanza de Triana es tal, mientras que la de la Macarena es cual… de verdad que me dan ganas de preguntarle a la gente: ¿En qué crees tú? ¿A qué adoras?

Cada vez que contemplo un besapiés me pregunto qué pensaría Dios si de verdad esos mandamientos que se supone que seguimos fueran inspiración suya. No sólo nos hemos hecho imágenes de lo que hay en el cielo, sino que los adoramos y veneramos como si fueran realmente Dios e incluso guardamos cola para besarlos.

Ojo, cada uno que crea en lo que quiera y que viva la religiosidad como mejor le salga, pero hoy tengo ganas de llamar a las cosas por su nombre.

 

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Los 10 Mandamientos y el Libro de los Muertos

Sobre el mensaje del Dios cristiano se suele presuponer entre otras cosas, originalidad. Siempre se ha oído que la Biblia está escrita por mano de hombres pero inspirados por la divinidad y que el mensaje de Cristo es absolutamente innovador, que es una de las cosas que más enorgullecen a los cristianos. Pero lo cierto es que ni lo uno, ni lo otro.

La Biblia no es palabra descendida desde los cielos, pero si así fuera, como diría mi amigo Ambro, el Dios judío/cristiano sería el Bill Gates y las culturas indoeuropeas previas serían los Steve Jobs, pues la originalidad la ponen ellos; el Dios judío se limita a coger un poco de aquí y otro poco de allá llevándose todo el crédito.

Centrándome en el Antiguo Testamento, el pueblo judío, enclavado en una zona geográfica a caballo entre Oriente y Occidente y también mucho tiempo dominado por otras civilizaciones (egipcios y babilonios principalmente) recibió la influencia de las corrientes que por aquel entonces circulaban entorno a ellas, teniendo mucho, por ejemplo, del código de Hammurabi o de la épica de Gilgamesh.

En cuanto a los 10 Mandamientos, que además se suponen obra de puño y letra del mismísimo Dios, hay muchas similitudes e influencias en el capítulo 125 del Libro de los Muertos egipcio, un conjunto de “hechizos” para ayudar al muerto en su viaje por el inframundo. Copio y pego de la wikipedia, que explica fenomenalmente este capítulo:

El fallecido era guiado por el dios Anubis ante la presencia de Osiris, donde debía jurar que no había cometido ningún pecado de una lista de 42, mediante la recitación de un texto conocido como la «Confesión Negativa». Entonces el corazón del difunto era pesado en una balanza contra la diosa Maat, que encarnaba la verdad y la justicia. Esta diosa era a menudo representada como una pluma de avestruz, el signo jeroglífico de su nombre. En este punto existía el riesgo de que el corazón del difunto diera testimonio y revelara los pecados cometidos en vida, aunque el sortilegio 30B prevenía esto. Si la balanza permanecía en equilibrio significaba que el fallecido había llevado una vida ejemplar, tras lo que Anubis lo llevaría hasta Osiris y podría encontrar su sitio en el más allá, convirtiéndose en maa-kheru, que significa «reivindicado», o «justo de voz». Si el corazón no estaba en equilibrio con Maat, lo esperaba la temible bestia Ammyt, la Devoradora, lista para engullirlo y mandar la vida de la persona en el más allá a un cercano y poco placentero final.

Las confesiones del fallecido, en los 10 mandamientos de Moisés se transforman en prohibiciones, es decir: donde en el Libro de los Muertos confiesa que no se cometió homicidio, en los 10 Mandamientos aparece “no matarás”. Los paralelismos con las confesiones egipcias son grandes y éstas se simplifican y condensan en la versión judía, habiendo por ejemplo para “no robarás” varios casos distintos como que no alteraron las balanzas, no se hurtaron ofrendas a los dioses, o no se recogió de huertos ajenos.

Hay que decir que no hay paralelismo en este libro para los 5 primeros mandamientos (que los católicos principalmente nos saltamos a la torera), ya que son básicamente intentos posteriores del judaísmo de alejarse de su pasado politeísta y reivindicar que sólo hay un dios (los egipcios sí aceptaban ese politeísmo y por tanto en el Libro de los Muertos no se afanan por repetirlo una y otra vez).

“En verdad, vine a ti y te traigo la Justicia y la Verdad. Por ti rechace la iniquidad”.
-“No herí a hombre alguno, ni hice daño a las bestias”.
-“No cometí delito en el lugar de la Justicia y la Verdad”.
-“No conocí mal: No actué perversamente”.
-“Cada día trabajé más de lo que se me pedía”.
-“Mi nombre no llegó a la barca del príncipe”.
-“No desprecié a Dios”.
-“No causé aflicción, ni ejercí aflicción”.
-“No hice lo que Dios abomina”.
-“No hice que su amo obrara mal con su siervo”.
-“A nadie le hice sentir dolor”.
-“A ningún hombre hice llorar”.
-“No cometí homicidio; ni jamás ordene a nadie que matara por mí”.
-“No perjudiqué a la gente”.
-“No hurté lo ofrendado en los templos; ni robé las tortas de los dioses”.
-“No me llevé las ofrendas efectuadas a los bienaventurados difuntos”.
-“No forniqué, ni mancillé mi cuerpo”.
-“Ni acrecenté, ni disminuí las ofrendas debidas”.
-“No robé de los huertos; ni pisoteé los campos”.
-“No hice agregados al peso de la balanza; ni aligeré el peso de los platillos”.
-“No quité la leche de la boca del infante”.
-“No aparté el ganado de sus apacentaderos”.
-“No tendí trampas al ave acuática de los dioses”.
-“No pesqué peces con carnada de sus propios cuerpos”.
-“No hice regresar el agua en su marea alta”
-“No interrumpí el cauce del agua corriente”.
-“No extinguí la llama en su plenitud”.
-“No descuidé las estaciones para las ofrendas asignadas”.
-“No alejé el ganado separado para el sacrificio”.
-“No impedí las procesiones del dios.

“Soy puro. Soy Puro”

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Las casualidades

Hay quien tiene la firme convicción de que todo ocurre por una razón, ocurre para bien y con el fin de que aprendamos y nos desarrollemos como personas… y finalmente todo encaja. Es una teoría unida a una determinada corriente filosófica que yo no comparto.

Lo primero es que si piensas que todo ocurre por una razón, en cierto modo estás volviendo al pensamiento griego arcaico de que hay un destino escrito y sellado que ni los dioses son capaces de romper. Vamos ya para ocho mil millones de personas en el mundo; contando otros animales (aunque no sé si el destino sólo afecta a los animales racionales que podemos plantearnos su “existencia” o afecta a cualquier ser vivo que pueda interferir en el desarrollo de los acontecimientos) me pierdo con tanta cifra ¿hay una historia escrita para cada uno de nosotros?

Desde luego, unir todas esas cuerdecitas que nos conectan es tarea de un ente muy superior. No niego la existencia de Dios pero me decepcionaría mucho si su tarea fuera escribirnos una historia a cada uno para que la siguiéramos sin objeción.

Dando por hecho que todo está ya escrito, ¿donde queda mi capacidad de decisión y mi libre albedrío? En este momento tengo millones de opciones para tomar ahora. O las cuerdas contemplan todas mis opciones (y por tanto, sí tengo opción y no estoy sujeto a un destino) o esto me suena a los niños chicos cuando haces algo y te dicen “lo sabía!! sabía que ibas a decir eso!!”.

Otra cosa que no comparto para nada es que las cosas pasan para que aprendamos. Tanto decisiones que tomemos nosotros como otros sucesos que nos acaban repercutiendo suceden con la finalidad de que aprendamos. Aprendemos de cualquier cosa que nos sucede, sea lo que sea. El aprender no es la causa sino el efecto que conlleva, los daños colaterales. Te caes de la bici por ir haciendo el capullo y aprendes que no debes ir haciendo el capullo o puede que te vuelvas a caer, pero si vas haciendo el capullo y tienes la “mala suerte” (¿se puede hablar de mala suerte?) que te mueres… ¿Qué es lo que el destino quería que aprendieras? ¿O es que los que tenían que aprender son los padres de la criatura?

Tengo una amiga que a los 6 añitos tuvo cáncer y tuvieron que amputarle una pierna. La familia, imagino que se hincharía a rezar. La pierna se quedó por el camino pero la niña sobrevivió; “superó la prueba”. Pero ¿y la de cientos de niños que no la superan? No rezaron tanto supongo… Aunque yo opino como le dice Homer a Flanders mientras éste reza antes de la final del campeonato infantil de minigolf: “Es inútil que reces, yo mismo lo hice esta mañana y no vamos a ganar los dos”. Aquí entra uno de los mantras más repetidos, en especial por muchos creyentes en Dios: pone constantemente a prueba nuestra fortaleza y fe. Que confiemos en Él, que Él sabe lo que se hace. Si a seres queridos les invade la enfermedad son pruebas para fortalecer nuestra confianza ¿En serio no hay otra manera un poco menos cruel de que confiemos en Dios? ¿Es tan necesario confiar en Él que si no lo haces te machaca? Pero tranquilos, que el niño que no sobreviva estará ahora con Dios sentadito en su regazo… ¿Y para qué quiere Dios a miles de niños en su regazo? Me parece muy egoísta por parte de Dios, que sólo pueden hacerse las cosas a su manera. ¿En base a qué se decide quién sobrevive y quién no? ¿el que más reza? Mucho decirle Dios a Cristo que nos dijera que somos libres pero luego bien que hace lo que quiere… No. Si existe Dios no puede dedicarse a eso. Sería un insulto para los creyentes.

Pero dejando a Dios a parte, la conclusión a la que llega mucha gente es que todo encaja. Conozco un caso de alguien que no deja de repetir que todo encaja, como si fuera algo sorprendente, aunque yo no veo la sorpresa por ninguna parte… ¡Evidentemente que encaja! Es que no hay opción a que no encaje. El mundo no va a colapsar. Hagas lo que hagas tiene que encajar porque el camino lo estás marcando tú, no Dios ni el destino: tú. Que a mí me atropeye un coche en Murcia dentro de tres meses encajará si yo estoy en Murcia dentro de tres meses y se dan las circunstancias para que eso ocurra. El camino se va construyendo conforme avanzas y lo que hagas encaja con lo anterior, sea lo que sea y hagas lo que hagas. Hay infinitas opciones y hagas lo que hagas, pase lo que pase, todo va a encajar.

Ya para terminar, cuando me quieren probar que las casualidades no existen y me cuentan la típica historia de “hoy he soñado con una amiga que hacía mil años que no veía y me la he encontrado en el metro. No puede ser una casualidad”. ¿De verdad ese hecho aislado prueba algo? La cantidad de gente que has visto hoy en el metro… y la cantidad de veces que te habrás cruzado con esa persona y nos os visteis. Y la cantidad ingente de veces que sueñas con algo y luego no ocurre en la vida real. Pero claro, lo llamativo es cuando de una forma u otra, sí ocurre. A mí me pasó un par de veces. La que más me impactó fue cuando soñé con mi amiga Mireia, de la que hacía más de 2 años que no sabía nada. Al despertar por la mañana tenía en mi móvil una llamada de un número desconocido. No sé por qué, sentí que iba a ser ella y me puse a buscar mi antiguo teléfono móvil. Miré la agenda de contactos y efectivamente la llamada era de ella. Yo me flipé porque pensé que era una señal de algún tipo… No es algo que pase todos los días, tenía que ser una señal… Y hablamos y nos alegramos mucho de saber el uno del otro e incluso hicimos planes de vernos y… y ya está. No pasó nada más. Ni nos vimos ni nada. A los 10 minutos yo seguí con mi vida y no volvimos a saber el uno del otro (hasta la llegada de facebook, que es como el destino versión 2.0 o algo así) donde de vez en cuando nos comentamos algún “jajaja”. Si de verdad el destino se tomó toda esa molestia porque entraba dentro del plan, a mí me suena a las series de la tele donde la trama principal no da para completar un episodio entero y necesitan meter escenas secundarias sin mayor sustancia.

También es curioso lo de mi madre, que dice que el número 22 le persigue. Miles de veces mira la hora y me dice: “¿lo ves? las 10:22”, o mira la matrícula de un coche y dice: “¿lo ves? 0422DFR” o sale una anuncio en la tele y dice: “¿lo ves? 11822”. ¿De verdad le persigue? Yo diría simplemente que ella ve a lo largo del día miles de números, pero le presta especial atención al 22. Es evidente que no todos los números que pasan por sus ojos son el 22, así que cuando se pone muy machacona trato de recalcárselo con cosas como “¿a qué temperatura hay que poner el horno para el bizcocho?  que raro que esta vez no sea a 220º”.

En definitiva… Las cosas suceden, llámalo casualidad o como quieras. Somos tantos en tan poco espacio que lo que le sucede a uno puede repercutir en otro, y cuando se dan esas situaciones: unas veces nos llaman la atención porque creemos que forman parte de un plan; otras veces (infinitas veces menos las 2 o 3 que nos llaman la atención) pasan tan desapercibidas que parece que ni siquiera ocurren.

Caminante: no hay camino. Se hace camino al andar.

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