Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

1. Si yo hoy pongo en mi facebook “…my soul is painted like the wings of butterflies...”, probablemente no signifique lo que literalmente significa; es posible (aunque tampoco) que signifique que estoy enamorado o que me he vuelto más emocional que de costumbre… pero sólo un buen melómano conocedor de Queen, caerá en la cuenta de que estoy mencionando The show must go on, uno de los últimos grandes éxitos de la banda. Y aunque no escriba la letra al completo, por medio de ese fragmento estoy citando la canción entera.

2. Los judíos son un pueblo curiosísimo, y en tiempos de Jesús, si me apuras, más aún. Como decía Flavio Josefo, son gente que se sabe su biblia de memoria, que la conocen mejor que su propio nombre. La recitan una y otra vez, discuten las palabras de sus profetas, cantan sus salmos… y todo con una fluidez digna del mejor de los opositores a registro.

3. Yo de chico jugaba a una cosa que llamábamos “el teléfono escacharrao”, seguro que lo conocéis. El juego consiste en que le dices al oído una frase a uno, ese uno se la dice a otro… y cuando llega al último, la frase final no tiene nada que ver con la inicial. También vemos en los periódicos o en la televisión, que un mismo hecho es abordado y comunicado de forma muy distinta según quien lo difunda.


Una vez hecha esta introducción de 3 partes, inconexas a priori, voy a dar cuerpo y concluir mi reflexión:

Jesús no escribió nada. Aun así conocemos bastantes cosas de sus últimos meses de vida (anterior a ello no conocemos NADA) pues hubo gente que se preocupó por recordar sus hechos y palabras hasta que, finalmente, se pusieron por escrito, lo cual ocurrió entre 40 y 70 años después de su muerte. Eso es mucho tiempo, ciertamente, pues como decía en el punto 3 de la introducción, el número de bocas por las que pasa un mensaje y la perspectiva y subjetividad de cada uno de los eslabones de esa cadena influirán en el resultado final. Con esto pongo en relieve que aunque los evangelios son libros de Historia, esa Historia está contada desde el prisma de la fe y con al menos 40 años de desfase desde que ocurrieron los hechos que se narran.

Muchas veces leemos en los evangelios palabras puestas en boca de Jesús que no solo resultan crípticas, sino que no vienen acompañadas de explicaciones. ¿Por qué? Pues porque el público al que esas palabras iban dirigidas no necesitaba explicación: sabían perfectamente a qué se refería. Esas frases aluden a los profetas o a salmos, pero la mayoría de nosotros no somos capaces de relacionarlos sin sabernos la biblia de memoria, como ellos (punto 2).

Cuando Mateo en 27, 46 y Marcos en 15, 34 expresan que Jesús crucificado exclamó: “Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?”, para un judío de la época está claro y meridiano que esas palabras que se ponen en boca de Jesús son una cita del salmo 22,  que no hace falta recitarlo completamente sino que con decir las primeras palabras -como pasaba en el punto 1 de la introducción con la canción de Queen-, un oyente instruido sabe a qué se alude.

Acorde al derecho romano de la época, los ajusticiados por delitos de sedición, crucificados, no podían estar asistidos ni acompañados en su agonía. Resulta lógico para evitar alborotos o incluso intentos de liberación. Por tanto, lo normal es que nadie estuviera cerca para recoger las palabras de Jesús, si es que tuvo fuerzas para decir algo. Eso dio juego a los evangelistas para poder usar teológicamente ese momento de enorme carga emocional: La conversación con los dos ladrones de Lucas, el “Mujer, ahí tienes a tu hijo” de Juan…

Es curioso que todos comentan que al crucificarlo, los soldados se repartieron sus ropas. Juan, como de costumbre,  profundiza en numerosos detalles, como que eran cuatro soldados y que además de sus ropas quisieron repartirse su túnica, pero como no tenía costuras se la echaron a suertes y así se cumplió la escritura. Esa escritura es también el mismo salmo 22, un salmo de agonía ligado a la figura del Mesías que debe liberar al pueblo elegido de los opresores.

Pues es precisamente el afán de los evangelistas por hacer que en Jesús se cumpla la escritura lo que hace que amolden muchos detalles de su vida, como su nacimiento en Belén, su entrada a Jerusalén en un burro, su nacimiento de una virgen (traducción griega del texto de Isaías 7, 14, donde el original hebreo “joven” se traduce por “virgen”, de ahí que cuando se reinterprete la figura de Jesús se le atribuya un nacimiento milagroso).

Finalizando: ¿Realmente se repartieron los soldados sus ropas? ¿Jesús se quejó del abandono de Dios? La respuesta es que nadie puede saberlo a ciencia cierta, pero lo más probable es que no, pues son detalles amoldados para encajar en las escrituras.

 

 

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