Archivos para 16 septiembre 2013

Las casualidades

Hay quien tiene la firme convicción de que todo ocurre por una razón, ocurre para bien y con el fin de que aprendamos y nos desarrollemos como personas… y finalmente todo encaja. Es una teoría unida a una determinada corriente filosófica que yo no comparto.

Lo primero es que si piensas que todo ocurre por una razón, en cierto modo estás volviendo al pensamiento griego arcaico de que hay un destino escrito y sellado que ni los dioses son capaces de romper. Vamos ya para ocho mil millones de personas en el mundo; contando otros animales (aunque no sé si el destino sólo afecta a los animales racionales que podemos plantearnos su “existencia” o afecta a cualquier ser vivo que pueda interferir en el desarrollo de los acontecimientos) me pierdo con tanta cifra ¿hay una historia escrita para cada uno de nosotros?

Desde luego, unir todas esas cuerdecitas que nos conectan es tarea de un ente muy superior. No niego la existencia de Dios pero me decepcionaría mucho si su tarea fuera escribirnos una historia a cada uno para que la siguiéramos sin objeción.

Dando por hecho que todo está ya escrito, ¿donde queda mi capacidad de decisión y mi libre albedrío? En este momento tengo millones de opciones para tomar ahora. O las cuerdas contemplan todas mis opciones (y por tanto, sí tengo opción y no estoy sujeto a un destino) o esto me suena a los niños chicos cuando haces algo y te dicen “lo sabía!! sabía que ibas a decir eso!!”.

Otra cosa que no comparto para nada es que las cosas pasan para que aprendamos. Tanto decisiones que tomemos nosotros como otros sucesos que nos acaban repercutiendo suceden con la finalidad de que aprendamos. Aprendemos de cualquier cosa que nos sucede, sea lo que sea. El aprender no es la causa sino el efecto que conlleva, los daños colaterales. Te caes de la bici por ir haciendo el capullo y aprendes que no debes ir haciendo el capullo o puede que te vuelvas a caer, pero si vas haciendo el capullo y tienes la “mala suerte” (¿se puede hablar de mala suerte?) que te mueres… ¿Qué es lo que el destino quería que aprendieras? ¿O es que los que tenían que aprender son los padres de la criatura?

Tengo una amiga que a los 6 añitos tuvo cáncer y tuvieron que amputarle una pierna. La familia, imagino que se hincharía a rezar. La pierna se quedó por el camino pero la niña sobrevivió; “superó la prueba”. Pero ¿y la de cientos de niños que no la superan? No rezaron tanto supongo… Aunque yo opino como le dice Homer a Flanders mientras éste reza antes de la final del campeonato infantil de minigolf: “Es inútil que reces, yo mismo lo hice esta mañana y no vamos a ganar los dos”. Aquí entra uno de los mantras más repetidos, en especial por muchos creyentes en Dios: pone constantemente a prueba nuestra fortaleza y fe. Que confiemos en Él, que Él sabe lo que se hace. Si a seres queridos les invade la enfermedad son pruebas para fortalecer nuestra confianza ¿En serio no hay otra manera un poco menos cruel de que confiemos en Dios? ¿Es tan necesario confiar en Él que si no lo haces te machaca? Pero tranquilos, que el niño que no sobreviva estará ahora con Dios sentadito en su regazo… ¿Y para qué quiere Dios a miles de niños en su regazo? Me parece muy egoísta por parte de Dios, que sólo pueden hacerse las cosas a su manera. ¿En base a qué se decide quién sobrevive y quién no? ¿el que más reza? Mucho decirle Dios a Cristo que nos dijera que somos libres pero luego bien que hace lo que quiere… No. Si existe Dios no puede dedicarse a eso. Sería un insulto para los creyentes.

Pero dejando a Dios a parte, la conclusión a la que llega mucha gente es que todo encaja. Conozco un caso de alguien que no deja de repetir que todo encaja, como si fuera algo sorprendente, aunque yo no veo la sorpresa por ninguna parte… ¡Evidentemente que encaja! Es que no hay opción a que no encaje. El mundo no va a colapsar. Hagas lo que hagas tiene que encajar porque el camino lo estás marcando tú, no Dios ni el destino: tú. Que a mí me atropeye un coche en Murcia dentro de tres meses encajará si yo estoy en Murcia dentro de tres meses y se dan las circunstancias para que eso ocurra. El camino se va construyendo conforme avanzas y lo que hagas encaja con lo anterior, sea lo que sea y hagas lo que hagas. Hay infinitas opciones y hagas lo que hagas, pase lo que pase, todo va a encajar.

Ya para terminar, cuando me quieren probar que las casualidades no existen y me cuentan la típica historia de “hoy he soñado con una amiga que hacía mil años que no veía y me la he encontrado en el metro. No puede ser una casualidad”. ¿De verdad ese hecho aislado prueba algo? La cantidad de gente que has visto hoy en el metro… y la cantidad de veces que te habrás cruzado con esa persona y nos os visteis. Y la cantidad ingente de veces que sueñas con algo y luego no ocurre en la vida real. Pero claro, lo llamativo es cuando de una forma u otra, sí ocurre. A mí me pasó un par de veces. La que más me impactó fue cuando soñé con mi amiga Mireia, de la que hacía más de 2 años que no sabía nada. Al despertar por la mañana tenía en mi móvil una llamada de un número desconocido. No sé por qué, sentí que iba a ser ella y me puse a buscar mi antiguo teléfono móvil. Miré la agenda de contactos y efectivamente la llamada era de ella. Yo me flipé porque pensé que era una señal de algún tipo… No es algo que pase todos los días, tenía que ser una señal… Y hablamos y nos alegramos mucho de saber el uno del otro e incluso hicimos planes de vernos y… y ya está. No pasó nada más. Ni nos vimos ni nada. A los 10 minutos yo seguí con mi vida y no volvimos a saber el uno del otro (hasta la llegada de facebook, que es como el destino versión 2.0 o algo así) donde de vez en cuando nos comentamos algún “jajaja”. Si de verdad el destino se tomó toda esa molestia porque entraba dentro del plan, a mí me suena a las series de la tele donde la trama principal no da para completar un episodio entero y necesitan meter escenas secundarias sin mayor sustancia.

También es curioso lo de mi madre, que dice que el número 22 le persigue. Miles de veces mira la hora y me dice: “¿lo ves? las 10:22”, o mira la matrícula de un coche y dice: “¿lo ves? 0422DFR” o sale una anuncio en la tele y dice: “¿lo ves? 11822”. ¿De verdad le persigue? Yo diría simplemente que ella ve a lo largo del día miles de números, pero le presta especial atención al 22. Es evidente que no todos los números que pasan por sus ojos son el 22, así que cuando se pone muy machacona trato de recalcárselo con cosas como “¿a qué temperatura hay que poner el horno para el bizcocho?  que raro que esta vez no sea a 220º”.

En definitiva… Las cosas suceden, llámalo casualidad o como quieras. Somos tantos en tan poco espacio que lo que le sucede a uno puede repercutir en otro, y cuando se dan esas situaciones: unas veces nos llaman la atención porque creemos que forman parte de un plan; otras veces (infinitas veces menos las 2 o 3 que nos llaman la atención) pasan tan desapercibidas que parece que ni siquiera ocurren.

Caminante: no hay camino. Se hace camino al andar.

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3 comentarios

Hace ya algún tiempo

Hace tiempo que no escribo en serio, más de dos líneas seguidas. Supongo que ha faltado tiempo.

Bueno, tiempo no. Tiempo siempre hay para todo, otra cosa es que lo aproveches más o menos, en unas cosas o en otras, Lo que ha faltado han sido las ganas; aunque a veces uno parece que escribe cualquier cosa, escribir por escribir, no es así (y hablo por mí); hacerlo sin motivación no gusta… y al final no lo haces.

Así que hemos avanzado un poco y llegado a la conclusión preliminar de que no he escrito porque no tenía nada interesante que decir. Pero tampoco es eso realmente. Porque a uno siempre le suceden cosas más o menos interesantes que pudiera contar. Otra cosa es que haya gente a la que esas cosas pudieran resultarle interesantes. Pero entonces… ¿Escribo para otros o escribo para mí mismo?

Hombre, queda muy bonito decir que uno no escribe para un público, que no lo hace para que otros lo lean sino para sí mismo… pero es evidente que sería incongruente hacer públicos esos escritos en la red si no pretendes ser leído por otros.

Por tanto, la siguiente conclusión preliminar es que no he escrito porque lo que podría haber escrito no habría resultado interesante a aquellas personas que dieran con ello en este blog. Pero… ¿Por qué? 

Pues probablemente la respuesta esté en el dicho “cree el ladrón que todos son de su condición”. Es un refrán en cierto modo peyorativo, pero viene a decirme que si a mí me aburre sobremanera cuando otra gente hace público cada detalle de su vida diaria o de sus opiniones irrelevantes sobre cualquier tema candente en las redes sociales, por coherencia debería hacer yo lo mismo. No todas las publicaciones me parecen así, pero se nota cuando alguien escribe sólo por llamar la atención.

Pero claro, si tienes una red social y la usas es porque, en cierto modo, quieres llamar la atención de tus ciberamigos, que sepan qué haces, cómo te sientes, qué te indigna… Supongo que forma parte del “otro contrato” que aceptamos al unirnos a esas redes sociales.

Pero un blog no es una red social. Bueno, lo es, pero no del mismo modo que los facebook, tuenti, google+ o twitter. Aquí escribes de forma que no spameas a nadie. Nadie queda aburrido por mis estupideces sin venir expresamente a leerlas de forma voluntaria. Es por eso que tal vez, la próxima vez que tenga ganas de escribir, para mí y para quien me quiera leer, lo haré sin pensar en “¿Y a quién le importa lo que yo escriba?”.

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