Las casualidades

Hay quien tiene la firme convicción de que todo ocurre por una razón, ocurre para bien y con el fin de que aprendamos y nos desarrollemos como personas… y finalmente todo encaja. Es una teoría unida a una determinada corriente filosófica que yo no comparto.

Lo primero es que si piensas que todo ocurre por una razón, en cierto modo estás volviendo al pensamiento griego arcaico de que hay un destino escrito y sellado que ni los dioses son capaces de romper. Vamos ya para ocho mil millones de personas en el mundo; contando otros animales (aunque no sé si el destino sólo afecta a los animales racionales que podemos plantearnos su “existencia” o afecta a cualquier ser vivo que pueda interferir en el desarrollo de los acontecimientos) me pierdo con tanta cifra ¿hay una historia escrita para cada uno de nosotros?

Desde luego, unir todas esas cuerdecitas que nos conectan es tarea de un ente muy superior. No niego la existencia de Dios pero me decepcionaría mucho si su tarea fuera escribirnos una historia a cada uno para que la siguiéramos sin objeción.

Dando por hecho que todo está ya escrito, ¿donde queda mi capacidad de decisión y mi libre albedrío? En este momento tengo millones de opciones para tomar ahora. O las cuerdas contemplan todas mis opciones (y por tanto, sí tengo opción y no estoy sujeto a un destino) o esto me suena a los niños chicos cuando haces algo y te dicen “lo sabía!! sabía que ibas a decir eso!!”.

Otra cosa que no comparto para nada es que las cosas pasan para que aprendamos. Tanto decisiones que tomemos nosotros como otros sucesos que nos acaban repercutiendo suceden con la finalidad de que aprendamos. Aprendemos de cualquier cosa que nos sucede, sea lo que sea. El aprender no es la causa sino el efecto que conlleva, los daños colaterales. Te caes de la bici por ir haciendo el capullo y aprendes que no debes ir haciendo el capullo o puede que te vuelvas a caer, pero si vas haciendo el capullo y tienes la “mala suerte” (¿se puede hablar de mala suerte?) que te mueres… ¿Qué es lo que el destino quería que aprendieras? ¿O es que los que tenían que aprender son los padres de la criatura?

Tengo una amiga que a los 6 añitos tuvo cáncer y tuvieron que amputarle una pierna. La familia, imagino que se hincharía a rezar. La pierna se quedó por el camino pero la niña sobrevivió; “superó la prueba”. Pero ¿y la de cientos de niños que no la superan? No rezaron tanto supongo… Aunque yo opino como le dice Homer a Flanders mientras éste reza antes de la final del campeonato infantil de minigolf: “Es inútil que reces, yo mismo lo hice esta mañana y no vamos a ganar los dos”. Aquí entra uno de los mantras más repetidos, en especial por muchos creyentes en Dios: pone constantemente a prueba nuestra fortaleza y fe. Que confiemos en Él, que Él sabe lo que se hace. Si a seres queridos les invade la enfermedad son pruebas para fortalecer nuestra confianza ¿En serio no hay otra manera un poco menos cruel de que confiemos en Dios? ¿Es tan necesario confiar en Él que si no lo haces te machaca? Pero tranquilos, que el niño que no sobreviva estará ahora con Dios sentadito en su regazo… ¿Y para qué quiere Dios a miles de niños en su regazo? Me parece muy egoísta por parte de Dios, que sólo pueden hacerse las cosas a su manera. ¿En base a qué se decide quién sobrevive y quién no? ¿el que más reza? Mucho decirle Dios a Cristo que nos dijera que somos libres pero luego bien que hace lo que quiere… No. Si existe Dios no puede dedicarse a eso. Sería un insulto para los creyentes.

Pero dejando a Dios a parte, la conclusión a la que llega mucha gente es que todo encaja. Conozco un caso de alguien que no deja de repetir que todo encaja, como si fuera algo sorprendente, aunque yo no veo la sorpresa por ninguna parte… ¡Evidentemente que encaja! Es que no hay opción a que no encaje. El mundo no va a colapsar. Hagas lo que hagas tiene que encajar porque el camino lo estás marcando tú, no Dios ni el destino: tú. Que a mí me atropeye un coche en Murcia dentro de tres meses encajará si yo estoy en Murcia dentro de tres meses y se dan las circunstancias para que eso ocurra. El camino se va construyendo conforme avanzas y lo que hagas encaja con lo anterior, sea lo que sea y hagas lo que hagas. Hay infinitas opciones y hagas lo que hagas, pase lo que pase, todo va a encajar.

Ya para terminar, cuando me quieren probar que las casualidades no existen y me cuentan la típica historia de “hoy he soñado con una amiga que hacía mil años que no veía y me la he encontrado en el metro. No puede ser una casualidad”. ¿De verdad ese hecho aislado prueba algo? La cantidad de gente que has visto hoy en el metro… y la cantidad de veces que te habrás cruzado con esa persona y nos os visteis. Y la cantidad ingente de veces que sueñas con algo y luego no ocurre en la vida real. Pero claro, lo llamativo es cuando de una forma u otra, sí ocurre. A mí me pasó un par de veces. La que más me impactó fue cuando soñé con mi amiga Mireia, de la que hacía más de 2 años que no sabía nada. Al despertar por la mañana tenía en mi móvil una llamada de un número desconocido. No sé por qué, sentí que iba a ser ella y me puse a buscar mi antiguo teléfono móvil. Miré la agenda de contactos y efectivamente la llamada era de ella. Yo me flipé porque pensé que era una señal de algún tipo… No es algo que pase todos los días, tenía que ser una señal… Y hablamos y nos alegramos mucho de saber el uno del otro e incluso hicimos planes de vernos y… y ya está. No pasó nada más. Ni nos vimos ni nada. A los 10 minutos yo seguí con mi vida y no volvimos a saber el uno del otro (hasta la llegada de facebook, que es como el destino versión 2.0 o algo así) donde de vez en cuando nos comentamos algún “jajaja”. Si de verdad el destino se tomó toda esa molestia porque entraba dentro del plan, a mí me suena a las series de la tele donde la trama principal no da para completar un episodio entero y necesitan meter escenas secundarias sin mayor sustancia.

También es curioso lo de mi madre, que dice que el número 22 le persigue. Miles de veces mira la hora y me dice: “¿lo ves? las 10:22”, o mira la matrícula de un coche y dice: “¿lo ves? 0422DFR” o sale una anuncio en la tele y dice: “¿lo ves? 11822”. ¿De verdad le persigue? Yo diría simplemente que ella ve a lo largo del día miles de números, pero le presta especial atención al 22. Es evidente que no todos los números que pasan por sus ojos son el 22, así que cuando se pone muy machacona trato de recalcárselo con cosas como “¿a qué temperatura hay que poner el horno para el bizcocho?  que raro que esta vez no sea a 220º”.

En definitiva… Las cosas suceden, llámalo casualidad o como quieras. Somos tantos en tan poco espacio que lo que le sucede a uno puede repercutir en otro, y cuando se dan esas situaciones: unas veces nos llaman la atención porque creemos que forman parte de un plan; otras veces (infinitas veces menos las 2 o 3 que nos llaman la atención) pasan tan desapercibidas que parece que ni siquiera ocurren.

Caminante: no hay camino. Se hace camino al andar.

  1. #1 por María el 20 septiembre, 2013 - 15:49

    No se por qué me veo reflejada en alguno de los ejemplos…jajajaja pero desde luego no si lo llevas hasta esos extremos…como bien sabes, no creo en las casualidades, y mi confianza de que tarde o temprano todo encaja me ayudan a tirar para delante en los moemntos difíciles…pero creo que el tema lo llevas muy al extremo…no pienso que haya un Dios con unc roquis de cada uno de nuestras vidas hilando detalles…y tampoco creo que haya un destino escrito e irreboclable…simplemente van apareciendo en nuestras vidas piedras, subidas y bajadas,,ríos y montañas…y eso no lo podemos controlar ni creo que sea fruto de coincidencias…ahora bien, una vez que la experiencia o cicunstancia viene a nosotros (y no estoy hablando de caerme de la bici) sino algo más esencial o complejo, es cuando el ser humano entra en acción…y según como decida pasar por la experiencia y segun como canalice sus ciscustancias, el camino se orientará a un lado u otro…y a su vez ese paso que damos, puede que sea la causa de la siguiente experiencia que nos venga…está en nuestra mano estar en contacto con nuestra vida y nuestro camino..y pienso que no es 100% responsabilidad nuestra, pero que evidentemente estamos retroalimentandonos de lo que nos pasa e influyendo en él continuamente..pero siempre con la presencia de algo más..que no vamos a poder controlar! lo querría que te quedases con una posición determinista y radical respecto a este tema por mi parte =)

    • #2 por ktulu el 22 septiembre, 2013 - 10:11

      esta opinión me gusta más! =P

  2. #3 por MEZTLI el 7 noviembre, 2013 - 23:54

    creo que DIOS nos conoce desde antes que nazcamos sabe todo de nosotros nuestras necesidades ,nuestras penas y siempre nos esta mirando pero para tendernos una mano porque lo que nos acontece para bien o para mal todo nos lleva como final al amor de el el libre albedrio para hacer la eleccion a seguir para que de todas las veces que me equivoque termine creciendo y dandome cuenta que si eso lo hubiese hecho desde el comienzo con amor no tendria que haber repetido la accion h. o.

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