Archivos para 8 octubre 2013

En el capítulo 20 del Éxodo encontramos lo siguiente:

No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.  No te inclinarás ante ninguna imagen, ni las honrarás; porque yo soy Yahveh tu Dios, fuerte, celoso, que castigo la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,  y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

Es parte de lo que la tradición dice que contenían los mandamientos que Dios escribió para que Moisés se los comunicase a su pueblo y solo a ellos, que para eso eran el pueblo elegido para la alianza, aunque después se haya hecho prácticamente universal. Y la pregunta que me hago es: ¿Siguen los cristianos esos mandamientos?

El resto de los mandamientos se cumplen con mayor o menor pudor, pero estos que he citado me chirrían muchísimo, principalmente en Sevilla, donde cada dos por tres presenciamos adoraciones a esos ídolos (según la RAE: 1. m. Imagen de una deidad objeto de culto.), tallas de madera creadas con enorme destreza y arte, salidas del taller de un artesano, pintadas a mano y perfectamente cuidadas que representan principalmente a Jesús o a la Virgen María, Ídolos. Y no hay uno, hay cientos, miles… 

Cada vez que escucho la veneración con la que los sevillanos (generalizando, que yo soy sevillano y no lo hago) se encomiendan, no a Jesús, ni a Cristo, ni a Dios, sino a tal o cual advocación de la parroquia de la que son parroquianos desde shiquitito, como diría Lopera, se me corta el cuerpo. 

Cada vez que oigo eso de que la Esperanza de Triana es tal, mientras que la de la Macarena es cual… de verdad que me dan ganas de preguntarle a la gente: ¿En qué crees tú? ¿A qué adoras?

Cada vez que contemplo un besapiés me pregunto qué pensaría Dios si de verdad esos mandamientos que se supone que seguimos fueran inspiración suya. No sólo nos hemos hecho imágenes de lo que hay en el cielo, sino que los adoramos y veneramos como si fueran realmente Dios e incluso guardamos cola para besarlos.

Ojo, cada uno que crea en lo que quiera y que viva la religiosidad como mejor le salga, pero hoy tengo ganas de llamar a las cosas por su nombre.

 

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Los 10 Mandamientos y el Libro de los Muertos

Sobre el mensaje del Dios cristiano se suele presuponer entre otras cosas, originalidad. Siempre se ha oído que la Biblia está escrita por mano de hombres pero inspirados por la divinidad y que el mensaje de Cristo es absolutamente innovador, que es una de las cosas que más enorgullecen a los cristianos. Pero lo cierto es que ni lo uno, ni lo otro.

La Biblia no es palabra descendida desde los cielos, pero si así fuera, como diría mi amigo Ambro, el Dios judío/cristiano sería el Bill Gates y las culturas indoeuropeas previas serían los Steve Jobs, pues la originalidad la ponen ellos; el Dios judío se limita a coger un poco de aquí y otro poco de allá llevándose todo el crédito.

Centrándome en el Antiguo Testamento, el pueblo judío, enclavado en una zona geográfica a caballo entre Oriente y Occidente y también mucho tiempo dominado por otras civilizaciones (egipcios y babilonios principalmente) recibió la influencia de las corrientes que por aquel entonces circulaban entorno a ellas, teniendo mucho, por ejemplo, del código de Hammurabi o de la épica de Gilgamesh.

En cuanto a los 10 Mandamientos, que además se suponen obra de puño y letra del mismísimo Dios, hay muchas similitudes e influencias en el capítulo 125 del Libro de los Muertos egipcio, un conjunto de “hechizos” para ayudar al muerto en su viaje por el inframundo. Copio y pego de la wikipedia, que explica fenomenalmente este capítulo:

El fallecido era guiado por el dios Anubis ante la presencia de Osiris, donde debía jurar que no había cometido ningún pecado de una lista de 42, mediante la recitación de un texto conocido como la «Confesión Negativa». Entonces el corazón del difunto era pesado en una balanza contra la diosa Maat, que encarnaba la verdad y la justicia. Esta diosa era a menudo representada como una pluma de avestruz, el signo jeroglífico de su nombre. En este punto existía el riesgo de que el corazón del difunto diera testimonio y revelara los pecados cometidos en vida, aunque el sortilegio 30B prevenía esto. Si la balanza permanecía en equilibrio significaba que el fallecido había llevado una vida ejemplar, tras lo que Anubis lo llevaría hasta Osiris y podría encontrar su sitio en el más allá, convirtiéndose en maa-kheru, que significa «reivindicado», o «justo de voz». Si el corazón no estaba en equilibrio con Maat, lo esperaba la temible bestia Ammyt, la Devoradora, lista para engullirlo y mandar la vida de la persona en el más allá a un cercano y poco placentero final.

Las confesiones del fallecido, en los 10 mandamientos de Moisés se transforman en prohibiciones, es decir: donde en el Libro de los Muertos confiesa que no se cometió homicidio, en los 10 Mandamientos aparece “no matarás”. Los paralelismos con las confesiones egipcias son grandes y éstas se simplifican y condensan en la versión judía, habiendo por ejemplo para “no robarás” varios casos distintos como que no alteraron las balanzas, no se hurtaron ofrendas a los dioses, o no se recogió de huertos ajenos.

Hay que decir que no hay paralelismo en este libro para los 5 primeros mandamientos (que los católicos principalmente nos saltamos a la torera), ya que son básicamente intentos posteriores del judaísmo de alejarse de su pasado politeísta y reivindicar que sólo hay un dios (los egipcios sí aceptaban ese politeísmo y por tanto en el Libro de los Muertos no se afanan por repetirlo una y otra vez).

“En verdad, vine a ti y te traigo la Justicia y la Verdad. Por ti rechace la iniquidad”.
-“No herí a hombre alguno, ni hice daño a las bestias”.
-“No cometí delito en el lugar de la Justicia y la Verdad”.
-“No conocí mal: No actué perversamente”.
-“Cada día trabajé más de lo que se me pedía”.
-“Mi nombre no llegó a la barca del príncipe”.
-“No desprecié a Dios”.
-“No causé aflicción, ni ejercí aflicción”.
-“No hice lo que Dios abomina”.
-“No hice que su amo obrara mal con su siervo”.
-“A nadie le hice sentir dolor”.
-“A ningún hombre hice llorar”.
-“No cometí homicidio; ni jamás ordene a nadie que matara por mí”.
-“No perjudiqué a la gente”.
-“No hurté lo ofrendado en los templos; ni robé las tortas de los dioses”.
-“No me llevé las ofrendas efectuadas a los bienaventurados difuntos”.
-“No forniqué, ni mancillé mi cuerpo”.
-“Ni acrecenté, ni disminuí las ofrendas debidas”.
-“No robé de los huertos; ni pisoteé los campos”.
-“No hice agregados al peso de la balanza; ni aligeré el peso de los platillos”.
-“No quité la leche de la boca del infante”.
-“No aparté el ganado de sus apacentaderos”.
-“No tendí trampas al ave acuática de los dioses”.
-“No pesqué peces con carnada de sus propios cuerpos”.
-“No hice regresar el agua en su marea alta”
-“No interrumpí el cauce del agua corriente”.
-“No extinguí la llama en su plenitud”.
-“No descuidé las estaciones para las ofrendas asignadas”.
-“No alejé el ganado separado para el sacrificio”.
-“No impedí las procesiones del dios.

“Soy puro. Soy Puro”

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