Archivos para 30 marzo 2012

Se acerca la Semana Santa. En Sevilla es un momento importante, pero curiosamente, no hace falta sentir mucho entusiasmo por la figura de Cristo para ser el más capillita.

Diría que no entiendo cómo hay gente que hace estación de penitencia, sale de nazareno o se mete de costalero debajo de una escultura que representa a la Virgen María, adornada hasta arriba de oro, plata y vestida como una reina, y ni siquiera son cristianos. La de palos que le atizan a la iglesia por sus “riquezas”, pero a su virgen que no le quiten el manto. No alcanzo bien a entender a aquellos para los que Cristo ni siquiera existió, pero lloran por sacar su figura a la calle.

Y diría que no lo entiendo, pero en realidad sí que lo hago. Es la hipocresía sevillana. La Semana Santa dejó de ser santa cuando empezamos a celebrarla como una fiesta social, en la que nos ponemos nuestros tacones, nuestra minifalda, nos pintamos como retablos del Prado y nos echamos a la calle a ver (o a que nos vean). Nunca antes en la Historia, la ejecución de un hombre que significa tan poco para tantísima gente (gente que incongruentemente, por sus figuras se echa a la calle), fue celebrada hasta el punto de que hasta cuatro días después no vuelve a ser jornada laborable. Y en un país aconfesional… Aunque ningún ateo vaya a poner el grito en el cielo por ello, lo hago yo, un cristiano. Lo digo y lo mantengo: igual que la iglesia la deben mantener únicamente los cristianos, no es lógico que sus fiestas las guarden también los que no son cristianos. Es una incongruencia bastante cómoda para muchos, y que por eso mismo tardará en cambiarse. Pero es lo que hay. Esta sociedad sevillana en la que vivimos ha convertido una celebración religiosa en un acto de folclore y fiesta. Pero ojo, que a nadie se le olvide que debajo de toda la pompa, esto sigue siendo religión. Y vale, también hay arte, y es bonito ver los pasos con la música que les tocan, pero no deja de parecerme macabro y sacrílego que pongan a bailar al compás de la música a una escultura de madera que representa una brutal ejecución. Y mientras, gente haciendo botellona con sus lotes en la entrada a la calle Betis, esperando con su copa en la mano porque quieren ver pasar la Esperanza por el puente de Triana; chavalillos que lloran viendo pasar al Cristo de los gitanos y luego ven a un gitano y se mofan hasta que les explota la vesícula biliar. Folclore. En Sevilla somos los más sentíos del mundo, los que tenemos el pecho más lleno de golpes con la forma de nuestro puño, aunque lo que haya que sentir, en realidad nos lo pasemos por el forro de los cojones. Porque yo soy ateo pero a mi Macarena que nadie la toque.

Pero si eso lo entiendo a duras penas, los cristianos que discuten e incluso argumentan que un cristo o una virgen es mejor que otra… O como he oído hoy mismo: que la Esperanza de Triana es una virgen para catetos y no debería procesionar en la carrera oficial… Que haya rivalidad en el fútbol lo celebro; que haya rivalidad en política apenas puedo entenderlo; pero que haya rivalidad en esto, me parece realmente surrealista. Porque para los que no sean de Sevilla, les comento que hay gente (y no poca) que fieles a su Macarena, no pueden ni ver a la Esperanza sin que les den arcadas. Y viceversa. Y todas ellas advocaciones de la misma persona. Vergüenza no, lo siguiente.

¿Cómo puedes venerar a una figura de madera que en el caso de los cristianos católicos representa a tu dios, hasta el punto de decir que uno es mejor que otro? Vamos a ver, ¡que eres cristiano! ¡que se supone que sabes que todas representan al mismo señor y a la misma señora!

Pues nada, en Sevilla, el supuesto monoteísmo cristiano ya no sólo es politeísmo eufemizado como trinitarismo católico, sino directamente politeísmo idólatra. Piénsalo un momento. Son ídolos, ídolos falsos (porque son muchos distintos y no pueden ser todos el verdadero) y a muchos ni siquiera les resulta que choque con las creencias que profesan; tal vez porque esas creencias no son asimiladas sino simplemente aprendidas en el sentido menos didáctico de la palabra: memorizadas y repetidas como autómatas. En Sevilla nos movemos  más por tradición social que por sentimiento personal real. Y la tradición dice que salgas de nazareno, que está guay. Y si no eres de ninguna hermandad no pasa nada, la madrugá te la pasas callejeando con los colegas para verlas a todas. Y luego unos churros.

Pues si Jesús, el que murió crucificado en tiempos de Poncio Pilato, levantase la cabeza y viera que la máxima autoridad de la iglesia que lleva su nombre se viste de gala como lo hacía su verdugo; que en la celebración del aniversario de su muerte se sacan a la calle imágenes de su ejecución; y que a su madre, esposa de un carpintero, la visten como reina mientras le gritan “¡guapa!”… No quiero imaginar las cosas que saldrían por su boca.

A mí personalmente ninguna procesión me dice nada. Si las sacan a la calle me alegro por el que le guste, pero a mí me da igual; para mí no es eso lo importante de la semana santa. Que se te mueven cosas por dentro con las velas, el incienso, el ambiente, el dramatismo de la escena y la música que lo acompaña todo… pues sí, a veces. El conjunto es bonito, precioso… Y si encima eres cristiano y lo que se representa te llega, mejor aún; pero no confundas churras con merinas, menos palmadas en el pecho y más congruencia.

Es mi opinión y así la reflejo.

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Alcatraz y otras series…

Mientras sale y no sale (que salga ya, por favor) la segunda temporada de Juego de Tronos, con algo hay que entretenerse…

The Walking Dead, después de un inicio fulgurante con los primeros capítulos, bajó el listón conforme acababa la primera temporada, y finalmente tiró el listón al fondo de un río con la segunda temporada. Y justo cuando empieza a venirse arriba con dos o tres últimos capítulos decentes, acaba la temporada y me deja con la miel en los labios.

The Big Bang Theory, ahí ha estado, intermitente. Las primeras temporadas muy bien, pero a partir de la tercera se fueron quedando sin argumentos, se repetían y abusaron de Sheldon, que vale que es un personaje que se presta a sacarle jugo, pero llega un momento que hasta los bazingas pierden la gracia. Ahora con la quinta temporada se han enchufado un poco más, con algunos capítulos bastante buenos (como por ejemplo el 5×13), pero al no tener una trama definida no termina de enganchar; ves los capítulos, sin más.

Otra de las series que sigo y me tiene realmente complacido es Spartacus. Las tres temporadas son a cada cual mejor. La muerte del actor que interpretaba al tracio rebelde ha sido un golpe duro, pues desde luego el sustituto no es ni la mitad de carismático de lo que lo fue el original; no obstante, la trama, los diálogos, las mujeres (con Seppia, Lucretia e Ilitia tienes para entretenerte un rato) y la sangre a raudales hacen que la serie me guste cada día más. Evidentemente hay cosas que mejoraría, como los discursos de Spartacus, que cada vez que abre la boca es para que lo aclamen las masas, o el exceso de sangre innecesaria e inverosímil, como en puñetazos sin más trascendencia.

 

Y para amenizarlo todo, decidí darle una oportunidad a Alcatraz.

¿Por qué empezar a verla? Pues primero porque es de JJ Abrams (Lost) y segundo porque la coprotagoniza Sam son-de-sangre-caliente Neill. La serie no empieza mal, pero desde el primer momento te das cuenta de que algo falla… o mejor dicho: que todo encaja. Los protas lo saben todo; y lo que no saben lo deducen al momento. Es algo que me da muchísimo coraje* y que me está dejando un sabor agridulce. Aunque hay que decir que hay más, pues en cada capítulo sabes exactamente lo que va a ocurrir. No voy a hacer spoilers, pero si has visto los dos primeros capítulos ya te puedes hacer una idea de cómo acaban todos los demás. En ese sentido recuerda al equipo A, que sabes que al final los planes siempre salían bien.

Eso sí, no todo es negativo. Sam Neill está genial y Jorge García en su línea de Lost, por lo que se le tiene cariño. Además los dos jefecillos de Alcatraz hacen papelones. Y luego está la trama. Como me esperaba después de Lost, ocurren cosas extrañas, y el hilo conductor de la serie es bastante atractivo. Básicamente por eso la sigo viendo después de 10 capítulos repletos de conocimientos por ciencia infusa. Que yo entiendo que en 40 o 50 minutos no dé mucho tiempo a enrevesar mucho una trama si quieres dedicar cada capítulo a un tío distinto… pero simplemente no lo enfoques así. Otras series “parecidas” (en tanto en cuanto aparecen varios personajes más o menos secundarios perseguidos por la ley), como Dexter no siguen ese guión y resultan mucho más naturales… no sé, es mi punto de vista.

En fin, sensación agridulce con Alcatraz. A ver en qué acaba

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