Archivos para 30 marzo 2008

Futurama

Hace tiempo que dejé de ver la tele en plan enserio. Lejos quedaron aquellos días en los que entre series y series, y algún que otro programilla con gracia, me pasaba a lo tonto unas 3 horas delante de la pantalla mágica. Ahora la tele sólo me sirve para ver los sábados el partido de la sexta, los domingos el partido del plus, y Futurama.

Hay algo en esta serie que la hace especial. Tal vez sea que en ella pervive el encanto de los Simpson, pero sin ser una copia descarada (…como Padre de familia…).

A mí, personalmente me gusta más que Padre de Familia, y no sabría decir si en mi rankin personal llega al nivel de los Simpson o está aún un pasito por debajo. Es pronto, con sólo 4 temporadas, pretender que llegue al grado de mitiquez de los amarillitos de Springfield, pero no obstante va por muy buen camino.

Además, hay dos cosas en Futurama que la hacen una serie especial. Lo primero son los capítulos tan emotivos que tiene. Ejemplo claro es “la suerte del frylandés” (the luck of the Fryrish), donde Fry baja a la vieja Nueva York para buscar su trébol de la suerte, o “ladrido jurásico” (jurassic bark), en el que Fry encuentra a su perro fosilizado. Lo confieso, con el capítulo del perrito Seymour he soltado alguna que otra lagrimilla.

Y lo segundo es la cantidad de frikadas por escena que te encuentras, como por ejemplo que entre la 3rd avenue y la 4th avenue esté la πth avenue, o que uno de los canales de noticias sea el raíz de dos.

Por internet hay miles de páginas de curiosidades y frikadas de Futurama, que hay un puñao (normal, los creadores son casi todos matemáticos, físicos y químicos…), así que sólo voy a comentar algunas.

Por ejemplo, ésta me gustó porque Clara me habló de ello hace bien poco. El joven profesor Farnsworth, en uno de los episodios de la segunda temporada, crea un club al que pone de nombre “Schrödinger’s Kit Kat Club”, que con ese juego de palabras del kit kat, vendría a ser “Club de Gatitas de Schrödinger”. No os voy a explicar la paradoja del tío este porque es una paranoia cuántica un taco de gorda, pero el tal Schrödinger llegó a la conclusión de que un gato metido en una caja junto con una botella de gas tóxico, una partícula radiactiva con un 50% de probabilidades de desintegrarse, y un dispositvo que si se desintegra la particulita hace reventar la botella (cargándose al gato), pues el gato, si no lo miramos, puede estar vivo y muerto a la vez. Si queréis saber cómo: wikipedia.

La famosa ruta 66 de Estados Unidos, la tenemos en otro juego de palabras entre route y root (ruta y raíz, que se pronuncian bastante parecido).

Otra cosa muy curiosa es que Bender vive en el apartamento número 00100100 (36 en binario). En el bloque de apartamentos de Bender hay 256 viviendas (desde la 00000000 hasta la 11111111), que es el mismo número de símbolos que contiene el código ASCII. Si cada apartamento lo identificamos con su correspondiente caracter ASCII, ¿Adivinas cuál es el símbolo del apartamento de Bender? pues sí, el el símbolo del dólar $.

Y mi favorita, que los que me tenéis en el messenger me la habréis visto de avatar muchas veces.

En la pared, como en cierta peli de miedo, hay escrito con sangre el número 0101100101, a lo que Bender no le da importancia, pero al mirarlo a través de un espejo sale corriendo el muy gallina… ¡Horror! ¡1010011010! 666 en binario. Geniales.

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Un mundo sin fin

Qué chulo. En realidad me lo terminé hace un tiempo, y me encantó. Es muy parecido al Pilares, la verdad. Me decía LorexD que muchos personajes eran idénticos, y la verdad es que sí, como por ejemplo Merthin, el prota de esta segunda parte, que se me da un aire bastante grande a Jack. O su hermano Ralph, que me recuerda bastante al malo del primer libro, que no recuerdo el nombre.

Además, está también lleno de ambiciones de estas de la gente, de lados oscuros de personas, secretillos, y sexo, mucho sexo (que sé que es lo que más os gustaba del Pilares). Aunque la verda, el Pilares me lo leí hacer muchos años y hay cosas que no recuerdo tan bien como para comparar, pero la trama es bastante similar. En vez de construir una catedral, el sueño de Merthin es otro, y se tira todo el libro ahí a ver si lo consigue o si no. Le putean mucho, claro… La verda es que el tío las pasa canutas, en ciertos momentos me recuerda a la historia de Michael Corleone en el Padrino I…

Comparte el protagonismo con Caris, una chavala que se lo curra bastante, aunque tiene ramalazos que es pa pegarle una guantá, por capulla… En serio, a ratos me desespera, pero bueno, es buena gente. Y por supuesto hay un malo. Bueno, un malo malote, y otros malitos. La verda es que el malo me gusta bastante, en ciertas partes me identifico mucho con él, aunque mi favorito es Merthin, que es el verdadero crack.

Igual que en el otro, la historia se desarrolla casi al completo en Kingsbridge, y a lo largo de varios años. No hay tanto relevo generacional como creo recordar que había en el Pilares, pero sí hay un buen puñao de personajes, bastantes más en el Pilares, y nada, lo típico, tramas paralelas muy bien cogidas unas con otras, y con esa prosa tan Follet, tan fácil de leer…

Y si el final del Pilares me pareció bastante corto y apelotonao, que se descubrió la trama en las últimas 8 páginas, en este el final es más abierto, y a mí al menos, Un mundo sin fin me ha gustado más que Los Pilares de la Tierra. Cuestión de gustos imagino, pero leéroslo, que merece la pena.

Además, la presentación de esta primera edición, como véis está muy chula. No os lo penséis, os va a gustar.

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Una idea

Sólo éso. Como el tito Herbito en los Simpson. Sólo necesitas una idea.

Mi bloque de pisos es conocido por ser el bloque de “la vieja”, esa baguetería que tan popular se hizo en los 90 y principios de siglo (XXI). Sólo hacía falta una idea, y mi vecina la tuvo: un puesto de bocadillos…

El sitio es idóneo, rodeado de centros escolares, con albañiles pasando a todas horas, el almacén de correos, talleres mecánicos y demás puestos de trabajos con un ratito para ir a desayunar. Pues Antonia tuvo esa idea.

Aunque los más jovencitos no lo sepan, ella es la famosa “vieja”, que no me gusta un pelo que la llamen así, porque le tengo mucho cariño, que aún en el año en que vivimos, y con 21 años que tengo, sigue subiéndome chocolatinas a casa el día de Reyes.

Como digo, los más jovencitos no saben de dónde viene eso de “vieja”, porque cuando realmente se produjo el boom del negocio fue cuando un tal Salva le dio una vueltecita de tuerca más. Antonia decidió traspasar el negocio, por edad imagino, y si con ella los beneficios eran enormes, Salva lo explotó al máximo. Revolucionó el mercado de los bocadillos. Introdujo La Plancha. Bocadillos calientes, bagué o chapata: Tortilla, sobrasada, roquefor, cochinillo… Sus bocadillos fueron un triunfo absoluto durante varios años. Cómo sería la cosa que se compró un carrito para ir a venderlos a la puerta del instituto de debajo de mi casa. Se ve que a los chavales no les dejaban salir a la calle y se agolpaban en la verja esperando que llegase Salva a vender su mercancía. Bocadillos, y latas, y chucherías, y chocolatinas… Y poco a poco perritos calientes, bollería, pizzas… Un éxito acojonante.

Cuando mi madre no tenía ganas de pensar en una cena, la frase era: “venga, bajaos a por una bagué”. Y qué ricas estaban, sobre todo las de cochinito con mojo y sobrasada…

Como todo lo bueno se acaba, la baguetería cerró hace ya unos años. Salva supo parar en el momento justo. No sé qué fue de él, pero debe irle bien. Fue de los pocos que consiguió hacerle sombra al polvillo (la mayor cadena de panaderías sevillanas, para los foráneos).

¿Y por qué he escrito ésto? Porque no tengo ganas de estudiar, y porque me he preparao pa desayunar una bagué calentita de sobrasada, y los recuerdos han venido a mi mente raudos y veloces.

Ya sabéis, pensad en una idea y haceos ricos. Y me debéis un 20% por animaros a ello.

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Welcome to dying, somewhere far beyond…

11 años separan un video de otro. Cómo pasa el tiempo, pero qué grandes siguen siendo…

Blind Guardian

Rock Hard open air ’92

Blind Guardian festival ’03

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Más vale tarde que nunca

Eso ha debido pensar mi madre cuando ha entrado esta mañana por la puerta con un gato entre los brazos…

Desde que tuve uso de razón, siempre quise tener un gato. Me gustaba esa sobriedad y seguridad que daban al caminar, tan independientes… Yo quería uno. De hecho en 1º de primaria me inventé en clase que tenía un gato, porque me daba envidia que la mayoría de mis amiguitos tuvieran gatitos y/o perritos y yo no. La solución de mis padres siempre ha sido la de “vale, lo quieres, pero como todos sabemos que no te vamos a comprar uno, te vas a conformar con unos pececitos”. Eso sí, yo fui el único de la clase con un acuario enorme en casa. Estaba guay, pero yo quería un gatito.

Pasaron los años y me planteé seriamente llevar uno a escondidas a mi casa. Una vez dentro no habría manera de sacarlo. Pero nunca me decidí. Y ahora, cuando poco a poco me voy dando cuenta de que tener un animalito en casa es un incordio más que otra cosa, que no tengo nada de ganas de limpiar caquitas, quitar pelos o aguantar ladridos/maullidos, ahora viene mi madre y me pone un gatito en casa.

Lo peor es que tanto tiempo autoconvenciéndote de que en realidad no lo quieres, se tambalea en cuanto lo tienes. Mi madre era la primera que no quería animales en casa, por lo expuesto anteriormente, y además, porque en un piso enano (vivo en un archivo .zip, por si alguien no lo sabe) no se puede tener un gatito/perrito, que si te vas a algún lado tienes que contar con él, que hay que estar pendiente de vacunas y cuidados veterinarios, que no es un juguete que si un dia no tienes ganas de usarlo te olvidas de él, y que luego se mueren y te hartas de llorar. De chico no lo entendía, pero ahora lo comparto.

Pues ahora esta mujer me trae un gato.

He tenido que tomar una difícil decisión, y es que aunque en el lado más infantil de mi corazón (que es un lado bastante grande) ese regalo ha sido como maná del cielo, me ha dado mucha penita del gato. Si fuera recién nacido tal vez hubiera cambiado de opinión, pero el gato debe tener ya varios meses y está hecho a la calle. El rato que ha estado en casa se lo ha pasado llorando y buscando una salida, sin echar cuenta ni al cuenquito de leche ni a nada de comida. Si yo fuera él no me gustaría que me recluyeran y me sacaran de mi calle, con mis amiguitos gatos (y gatas sobre todo…).

En fin, el gato ha vuelto al jardincito de donde salió y mi vida sigue.

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Cierran el Ruiz de Lopera

Y me parece mal, pese a ser sevillista. Porque energúmenos hay en todos los campos. En todos los campos se tiran objetos al terreno de juego, cosa que ni me parece bien ni pretendo justificar con ello lo que ocurrió el sábado, pero el hecho es que ocurre en todos los campos no sólo en el del Betis. La única diferencia es que el sábado le dio a Armando, y en el 99% de las ocasiones no le dan a nadie.

Entonces he aquí mi pregunta: ¿Se debe castigar al Betis por el hecho de que un tío haya tenido puntería, o por el hecho de tirar objetos al terreno de juego?

Si yo le meto un navajazo a un chaval en un centro comercial, en una discoteca, en un parque, en un complejo deportivo, en un hotel… ¿Cierran el recinto porque yo sea gilipollas? Me parece un sinsentido que le metan un paquete gordísimo al recinto, cuando el único culpable soy yo. Que le puedan sancionar por deficiencias de seguridad… Pues vale, me parece bien, es justo, pero ya está, porque más culpa el recinto no tiene.

Si yo voy a un centro comercial, a una discoteca, a un parque, a un complejo deportivo, a un hotel… Y me pongo a disparar a discreción jeringuillas infectadas de sida, pero no le doy a nadie, ¿Ya no hay que sancionar al recinto? ¿Sólo le sancionamos si tengo puntería? Me parece un poco ilógico. Lo normal es que se sancione al recinto si se tiran objetos, con independencia de que le den a alguien o no. Si le dan a alguien, evidentemente al agresor hay que castigarle y meterle el paquete gordo.

En todos los campos se tiran objetos (y mucho más peligrosos que una botella de plástico), ¿Por qué no se les sanciona a todos de la misma manera si el acto de arrojar cosas al campo es el mismo? Si a Casillas le llega a dar ese cortauñas de metal (ojo, ¡Un cortauñas de metal…!) en San Mamés, sí deberían cerrar el campo, pero como no le ha dado, no se le sanciona, ¿No? Ah… Bien.

En fin, que dos partidos de cierre para el Betis y victoria (1-2) para el Athletic. Justicia deportiva.

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Desánimo

Dias feos los tenemos todos, y hoy me ha tocao a mí otra vez. Con el día tan bueno que hace, y yo aquí empanao, en adobo, con mil cosas que hacer y sin ganas de hacer ninguna. Sólo quiero acostarme, nada más que dormir y despertarme a las 21:55 para ver el Sevilla, y luego volverme a  acostar.

¿Por qué tenemos estos días? Sin causa aparente estamos desanimaos, de bajón, ¡Incluso sin hambre!

Lo odio, sobre todo porque echaba mucho de menos este calorcito que hace hoy en Sevilla y no tengo ganas de disfrutarlo. Lo único bueno es que hasta que vuelva a tener otro día feo pasarán muchos días chulos.

Al menos canciones como ésta le dan vidilla a mis adobos.

Ace of Base – The sign (porque no sólo de heavy vive el jebi)

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