Archivos para 27 septiembre 2011

Momentos de lucidez, entre fiebre y fiebre

Qué malo es estar malo. No me gusta. Prefiero estar bueno y aburrirme porque no tengo nada que hacer que aburrirme porque estoy malo y no puedo hacer otra cosa. Qué cansancio más tonto. No puedo ni dar palmas. Que bien pensado, no iba a darlas, pero si quisiera no podría. Oh garabato, que flotas en mi líquido ocular. ¿Por qué eres tímido, garabato?

Pues eso, la fiebre. Y mientras mi madre preguntando por la procedencia de cierto balón de rugby. ¿Por qué? pues no sé. Que yo sepa en mi casa nunca ha entrado un balón de rugby, pero ahí está mi madre preguntándolo, por darle vidilla a mi casa.

Y hombre, en parte se agradece. Se agradece porque mis días se basan en dormir, comer algo si me entra el hambre, y luego tontear. Tontear varias horas con cosas que al final ya no son ni tontas. Leer hasta pierde su gracia cuando sientes el pulso en las sienes a cada segundo. Pero es lo que hay, es la misma historia de todos los finales de verano, que las temperaturas cambian, que por el día sigue haciendo calor pero por la noche no, y cuando entras en algún comercio parece que les regalan el aire acondicionado si lo bajan de 7º… En fin, la historia de siempre. Y yo aquí, escribiendo cosas sin sentido, como si nadie nunca hubiera tenido gripe.

 

Anuncios

2 comentarios

Repítalo

– Éste no es su sitio.

– ¿Eh?

– Que usted no debería ocupar este puesto. Es un camelo, un charlatán, y sólo es cuestión de tiempo que se den cuenta.

– ¿Quién se lo ha dicho?

– Usted. Me lo dice su forma de encorvar la espalda, su forma de hablar entre susurros, su forma de vestirse con polyester fosforito adquirido en las rebajas. Quiero que ahora se diga a sí mismo “Yo lo merezco, esto me encanta, soy el mayor milagro de la naturaleza”. Repítalo.

http://www.youtube.com/watch?v=ZOUrGttvkc4

Deja un comentario

Qué hacer en los malos momentos

Por suerte o por desgracia, en la vida se pasa por momentos buenos y malos. De los dos. Ya puedes ser la persona más feliz del Universo que tendrás algún mal rato.

Yo pienso que las cosas de este mundo son cíclicas. Cada dia sale el sol y se esconde por la noche. Nos entra hambre, comemos y mañana volveremos a tener hambre. Los inviernos se repiten año a año, y como todos los años las plantas mueren y después revivirán. Cada cierto tiempo se producen cambios en la situación actual, no sólo de la naturaleza, sino de todo lo que nos rodea, que nos hacen acercarnos a lo que había antes.

Esto es aplicable a las modas, por poner un ejemplo moderno. Hace varios años se pusieron de moda los pantalones de campana. Otra vez. Se volvió a los 70. Y luego con los pantalones superajustados. Volvimos a los 80. Peinados, complementos… En las artes pasa lo mismo. En arquitectura con el renacimiento, el barroco, el rococó… Todo es cíclico.  También se puede aplicar a momentos por los que atraviesan las personas. Me gusta llamarlo “rachas”.

Hay rachas mejores y rachas peores. Normal. Sin cosas malas, las buenas no serían buenas. Probablemente no disfrutaríamos los momentos buenos sin saber que existen momentos malos..

Al pensar en malos momentos, por lo general uno piensa en estados alterados de la mente. También hay malos momentos de dolores corporales. Cíclicamente me duele la cabeza, se me pasa y dentro de un tiempo me volverá a doler.

A la gente que es consciente de esta situación de no permanencia, se les suele llamar personas “negativas” si continuamente están pensando en que lo que venga será mucho peor, o “positivas”, si cuando lo pasan mal se animan pensando que hay salida, que esto no es eterno. Evidentemente, hay otros factores mucho más determinantes que hacen que alguien vea los vasos medio llenos o medio vacíos, pero esta visión cíclica me ayudará a exponer lo que quiero transmitir.

Este positivismo del que hablo, es bueno hasta cierto punto. Uno no puede simplemente pensar que las cosas cambiarán, que el Espíritu Santo y la blanca paloma bajarán a solucionarnos la vida. No. Así no funciona.

Mirar adelante con optimismo ayuda, siempre que sepas que las cosas no dependen sólo de eso. El optimismo debe ser un fin, no el medio para alcanzarlo. Tu meta cuando estás mal es ponerte bien. Es obvio. Y si te quieres poner bien, lo primero es pensar que puedes ponerte bien. Que las cosas pueden cambiar.

Hay teorías que hablan sobre la anticipación de situaciones. Algunos filósofos modernos opinan que reproduciendo mentalmente situaciones que se desea que ocurran próximamente, éstas son más propicias a darse. No hablo de desear tener un ferrari y que a las dos horas se tenga, ojo. En esta entrada puse el vídeo de una entrevista a uno de estos pensadores, y os lo recomiendo.

Yo, no obstante, opino que es muy fácil confundir esto con el principal mal que afecta a los jóvenes modernos. Es evidente que de lo que voy a hablar ahora, ni lo he inventado yo, ni se ha dado sólo ahora, ni es sólo en los jóvenes, pero es el pan nuestro de cada día en estudiantes del siglo XXI. Estoy hablando del mal de la anticipación.

Me ha costado mucho llegar a verlo por mí mismo, porque por naturaleza soy muy reflexivo, dubitativo e indeciso.

Mucha gente, ante posibles situaciones comprometidas, decisiones, conversaciones importantes, o simplemente ante la llegada de un acontecimiento inminente, la gente se anticipa. Visualiza el futuro (lo que se cree que va a ser el futuro, pero que nadie sabe si será así o será de cualquier otra de las infinitas opciones posibles) y se pone ante varias opciones, para anticiparse a lo que pueda pasar y saber conducir la situación.

El ejemplo más claro, como decía, lo vemos en los estudiantes ante un examen próximo. El clásico agobio de 48h antes. No se sabe por qué, necesitamos la presión de los últimos días para ponernos las pilas. Dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy, y mañana nos vemos incapaces de afrontarlo a plenas capacidades. Visualizamos el momento del examen con el grado de conocimiento actual; es decir, nos vemos dentro de dos días sentados ante los folios del examen, y creemos que lo vamos a suspender porque sabremos lo mismo que hacía dos días. Nos anticipamos, y para mal. Nos entran los agobios, no podemos concentrarnos, nos desanimamos, nos malhumoramos y a veces hasta decidimos mandarlo todo a la mierda y no presentarnos. Nos anticipamos.

La anticipación la vivimos constantemente. El padre que llama a su hijo al móvil, y el hijo no lo coge, por lo que el padre se pone a pensar que le habrán podido ocurrir mil cosas horribles a su querido hijo. Nuestra pareja, que la notamos rara y nos ponemos en lo peor, pensando posibilidades (absurdas la mayoría) y atando cabos ficticios para aclarar la situación que desconocemos y que además no podemos controlar.

Ése es un punto importante, pues la mayoría de las anticipaciones que nos causan repercusiones negativas son anticipaciones que no podemos controlar. ¿Anticiparnos es siempre malo? No, pues si está en nuestra mano que las cosas salgan de una forma u otra, la anticipación es buena. Volviendo al tema de los exámenes: si tengo un examen dentro de dos semanas y sé que tiendo a dejarlo todo para el último día, es bueno anticiparme y ponerme ya a pasar apuntes a limpio. Si tengo que salir de casa, y a la vuelta es posible que no haya nadie, debería anticiparme y llevarme llaves. Y como éstas, miles de situaciones más o menos cotidianas que podemos controlar, pues depende de nosotros y no de terceras personas.

En cambio ponerte de los nervios porque van a operar a tu padre, o porque tu novia no te ha llamado en dos días, aunque es inevitable porque somos humanos, es realmente inútil. ¿Estoy diciendo que si tu padre está en el quirófano no debas preocuparte? No. Estoy diciendo que cuando esa preocupación pasa a ser desmedida, se convierte en un síntoma patológico. ¿Estoy diciendo que si tengo un examen dentro de dos días no tengo que estar nervioso? No, estoy diciendo que si esos nervios te muerden las entrañas y no te dejan respirar, deberías pensarlo y ser consciente de que se está yendo de las manos.

No sirve de nada pensar si las cosas van a salir mal. Sé que es fácil reconocerlo, pero no tan fácil ponerlo en práctica… Y más si esta situación está asociada a un cuadro depresivo, otra gran patología tan común como las gripes.

En los malos momentos, yo, un cualquiera como cualquier otro, recomiendo que, para empezar, no se tomen decisiones importantes. No puedes decidir si dejar dejar tu trabajo en unos días depresivos. No debes. Las decisiones importantes deben meditarse en un momento de estabilidad emocional.

Recomiendo también que no ahogues las penas en una botella de ron. El problema es que el alcohol puede proporcionar alivio mental momentáneo, pero después vuelve la cruda realidad, unida a una gran resaca. Cuando tienes tristeza aguda (de estas que llegan y se van en unas horas/días), puede que te calme. La chica que te gusta no se fija en ti, te has enfadado con tu mejor amigo o te han echado del grupo en el que tocabas. Emborráchate si quieres y cágate en todo, tal vez te alivie. Pero si la tristeza no es aguda, sino crónica, mal camino es el de la botella. Cuando el mal que te ahoga por dentro no se va a ir en un par de días, beber hasta que te duela la barriga es hacer que mañana, además de tu tristeza interior, tengas los síntomas resacosos que te hacen estar de mal humor, con dolor de cabeza, irascible… Y ves las cosas peor que el día anterior.

En los malos momentos, además, debes rodearte de gente que te quiere. Porque si te quieren de verdad, querrán estar contigo ahí. A todos nos gusta estar en los buenos momentos de nuestros seres queridos. En los malos también, si de verdad los queremos, y nos reconforta más ser un apoyo que ser una comparsa de carcajadas. Al menos para mí.

Mantén la mente ocupada. Sal, haz cosas que requieran de tu coco. Si te vas a pasear tú solito por un parque, tal vez tu mente vuele y te estrelle. Si no vas a estar acompañado, lee, ve películas o toca música, pero no dejes tu mente en libertad. Es un buen momento para engancharte a Lost, a Dexter, a Juego de Tronos…

Si no se te pasa, acude a un profesional. La gente se cree que los psicólogos y los psiquiatras están ahí para casos de locos de atar. No. La mente, igual que un brazo, a veces se lastima y hace falta curarlo. Más gente de la que crees va al médico, y suele merecer la pena. Mucho.

Y por último, y en resumen, no pienses en qué ocurrirá mañana, dentro de 3 días o el mes que viene, porque nadie lo sabe. Trata de vivir el momento lo mejor que puedas, sin agobiarte por algo que no puedes controlar. Ánimo. Y para mí también.

3 comentarios

Me canso

1 comentario

MediaMarkt te estafa, pero tú no eres tonto

Mi tío fue hace un par de días a comprarse un ordenador portátil. Había una oferta que parecía muy buena, y allí fue con mi padre a por el ordenador. El muchacho que les atendió, tras venderle el ordenador empezó a sacarle extras.

– ¿Le interesaría una maletita para el portátil? Son 14€.

– Claro, inclúyala

– Estupendo. Tenemos también un seguro de reparación total en tres años por 80€…

– Vale, métalo también

– […]

Y así le fue sacando un poco de dinerillo con varios extras, con los que iba sacando folios que adjuntaba al folio de factura, y así todos tan contentos. Pero ahora resulta que mi tío llega a su casa y al ir a usar el ordenador se da cuenta de que no tiene el office instalado. Total, que vuelven mi padre y mi tío a MediaMarkt, y ven que pone en un gran cartel publicitario: “Si no le ofrecemos el paquete office con su ordenador portátil, ¡se lo lleva por la cara!”. Pues perfecto entonces, allá que va mi tío a decir que su ordenador no trae office, que no se lo ofrecieron, y como la publicidad que tienen expuesta dice que le tienen que dar uno gratis, pues que se lo den.

La señorita le pide los papeles de la compra, que eran varios folios con un sello de la tienda, y dice que no, que el paquete office sí se lo han ofrecido pero que mi tío lo había rechazado, y como prueba le mostraba uno de esos varios papeles sellados donde ponía en algún lugar escondido que se lo habían ofrecido pero que no quería el office.

La cara de mi padre y de mi tío debió ser para verla. Pidieron que viniera el muchacho que les había atendido hace un rato, que hasta que no hablaran con él no se iban a ir de allí, y tras un pequeño juego al despiste con un “vaya, pero es que se ha ido… o bueno, voy a ver… no, no está, pero ahora le llamamos… ah, que sí estaba, ahora viene”… Al final apareció.

– Vamos a ver, usted no me ofreció el paquete de office, por lo que siguiendo su publicidad, le pido que mé uno por la cara.

– Yo sí se lo ofrecí, mire, aquí lo pone, y la hoja está sellada.

– Pero esas hojas las tenías selladas de antes, tú no sellaste ninguna delante mía, y te repito que el office no me lo ofreciste. ¿De verdad te crees que me voy a llevar un ordenador sin que me deje procesar documentos, que es lo más básico y prácticamente para lo único que la gente usa el ordenador? ¡Pero si además todo lo que me ibas ofreciendo te lo compré! Te he comprado la maletita, te he comprado el antivirus, te he comprado el seguro de 80€… ¿De verdad te parece probable que te fuera a rechazar el office?.

– Pues usted lo rechazó, aquí lo pone bien claro, y es su palabra contra la mía

– Ustedes son unos sinvergüenzas, porque esas hojas las traen selladas de antes y las cuelan entre las que van sacando con los extras, y así, si no ofrecen el paquete office se lavan las manos y dicen “no no, que yo se lo ofrecí, aquí está la hoja sellada”. ¿A cuántos clientes les habéis regalado el paquete office? a ninguno, seguro.

– Le repito que es su palabra contra la mía

– No, es su palabra contra la de los dos, que mi cuñado estaba allí conmigo y da fe de todo lo que ha ocurrido, y a usted le va a caer un buen paquete.

– Bueno mire, si usted quiere el paquete office, yo le puedo hacer un descuento del X% y se quedaría en 40€…

– Serán sinvergüenzas… después de que nos hemos gastado hoy aquí más de 1.000€ (también habían comprado una tele) os vais a poner a racanear por una mierda de paquete office de 40€, que decís que regaláis y luego es mentira… Pues aquí tienes el ordenador, el antivirus, la funda y todas las mierdas que me has colado antes, me devuelves mi dinero y te las metes por el culo. Y ahora me traes el libro de reclamaciones

– ¿El libro de reclamaciones? ¿Por qué?

– […]

Y encima se pregunta que por qué poner una queja por escrito para que quede constancia de que son unos ladrones…

21 comentarios

Cadáveres

Llevaba tiempo sin escribir, y ayer por la noche me dije que ya era hora de retomar, y aquí vengo a hablaros de los romanos. Y es que mañana por la tarde voy a Itálica. Para quien no lo sepa, Itálica es una villa romana fundada en el 206 aC., lugar de nacimiento del emperador Trajano, y que está a 20 minutos de mi casa. Itálica cuenta con uno de los anfiteatros más grandes del mundo romano, concretamente el tercero, tras el anfiteatro Flavio de Roma (más conocido como Coliseo) y el anfiteatro de Capua.

Es una suerte muy grande que tenemos los sevillanos, de contar con unos restos tan acojonantes al lado de casa.

El anfiteatro contaba con 25.000 localidades… Es decir, más que en el estadio Heliodoro Rodríguez López de Tenerife.  Y es curioso, porque Itálica nunca llegó a superar los 10.000 habitantes.

La serie de televisión Spartacus, y mi primo Álvaro me introdujeron el gusanillo por el mundo de los gladiadores, así que hoy voy a contar algunas cosillas curiosas.

Para empezar, diré que la típica frase de los gladiadores “Ave Caesar, morituri te salutant”  (Salud, César, los que van a morir te saludan), no era para nada típica. De hecho sólo hay constancia de que se dijera una vez, y ni siquiera fue dicha por gladiadores sino por condenados a muerte. De hecho, según Suetonio, que es quien recogió la cita, no dijeron “Ave Caesar”, sino “Ave Imperator”, a lo cual, Claudio contestó “Aut non” (O no…). Esto ocurrió en el lago de Fucino, en la actual provincia italiana de L’Aquila, en la región de Abruzzo. Y alguien dirá: “¿En un lago? ¿No será en un anfiteatro?”. Pues no, en un lago, y ahora veréis por qué.

Las batallas de gladiadores y demás juegos bélicos que tanto gustaban a Nerón, Calígula y demás, a menudo recreaban batallas contra pueblos que Roma había conquistado. De hecho, los distintos tipos de gladiadores venían inspirados de los guerreros  de los distintos ejércitos bárbaros, como los galos, los tracios, los hoplomachus griegos, o los reciarios, que curiosamente vienen de cuando los romanos conquistaros la zona de Gades (Cádiz).

Pues como decía, además de las batallas de gladiadores uno a uno, lucha contra fieras o cualquier otro espectáculo más o menos individual, muchas veces se hacían representaciones a lo grande de las batallas victoriosas de Roma. Para ello se construía dentro de los anfiteatros ciertos decorados, atrezzo, como empalizadas, bosques… Y se contaba con figurantes de excepción (principalmente condenados a muerte) que hacían de ejército contrario. Todo ello hacía que aquello pareciera una sangrienta obra de teatro. Y es aquí donde entra en escena el lago. A Julio César se le ocurrió que molaría representar una batalla naval, por lo que mandó construir un lago artificial en Roma para representarla. Con el paso de los años y los emperadores, se fueron construyendo piscinas, o delimitando lagos naturales para que hicieran de escenario para las neumaquias, que así se llamaban estas representaciones.

Nerón da una vuelta más de tuerca cuando se le ocurre que en vez de irse a una piscina, es más cómodo (para él al menos) que se desvien las aguas de la ciudad hacia el anfiteatro, con el fin de inundarlo y hacer allí una neumaquia. En en Coliseo por ejemplo se celebraron varias.

Volviendo a la famosa neumaquia del lago Fucino, Tácito recoge esto en sus Anales:

“Por la misma época, tras cortar el monte que hay entre el lago Fucino y el río Liris, y a fin de que una obra tan colosal pudiera ser visitada por las masas, se organiza una batalla naval en el mismo lago, tal como en otro tiempo había hecho Augusto con ocasión de la construcción de un embalse al otro lado del Tíber, aunque con naves ligeras y una tropa menos numerosa. Claudio armó trirremes y cuatrirremes y también a diecinueve mil hombres; había hecho rodear el perímetro del lago con balsas para que no quedara escapatoria alguna, pero eso sí, delimitando un espacio para las maniobras de los remos, las artes de los pilotos, los ataques de las naves y las demás acciones propias del combate. En las balsas se habían apostado manípulos y escuadrones de las cohortes pretorianas y en la parte delantera se habían montado unas plataformas para disparar desde ellas las catapultas y ballestas. El resto del lago lo ocupaban los marineros en naves cubiertas. Una multitud innumerable llenó las riberas, las colinas y las partes elevadas de los montes, como si de un teatro se tratara; unos procedían de los municipios próximos y otros de la Ciudad misma, llevados por la mera curiosidad o por honrar al príncipe. Éste, vestido con un manto llamativo, y a su lado Agripina, con una clámide dorada, ocuparon la presidencia. Se peleó, a pesar de ser entre malhechores, con un espíritu propio de valientes guerreros y, tras muchas heridas, se les perdonó la vida.”

¿Y todo esto qué tiene que ver con el título del post? Pues poco o nada, salvo que los cuerpos de los gladiadores muertos se daban de comer a los gusanos… caro data vermibus (carne dada a los gusanos). Y precisamente de ahí viene esta curiosa palabra: CAro DAta VERmibus. CA-DA-VER.

2 comentarios