Archivos para 30 enero 2008

Hoy estoy cabreado con el mundo

Me va bien, lo reconozco, ahora mismo no me falta de nada, pero hoy estoy cabreado con el mundo. Primero (porque es lo que más reciente tengo), porque mi hermano, de 16 años, que suspende lengua en 1º de bachillerato porque tiene millones de faltas de ortografía, se ha quejado de que le corrija una falta de estas que duelen en la retina: havia… sí sí, del verbo haber, sin tilde y con V. Y menos mal que le ha puesto la H…

– Rafael, el verbo haber es con B.

– ¡Pero que yo cuando escribo no me paro a pensar si es del verbo haber o si es de otra cosa!

– Entonces si escribes la palabra “hay”, tampoco sabrás que es H-A-Y, ¿No? no sabrás si es del verbo haber o si es “ahí” de lugar…

Y el muy valiente, me dice pausadamente, con cara de saber bien de qué habla:

– Si fuera de lugar, sería HAÍ, H-A-“I con tilde”.

Yo, atónito, le escribo la palabra según me la deletrea, por si es que la noche le confunde, y a ver si al verla escrita se despierta, porque esta también duele al verla, ¿Eh? pues él ni se inmuta.

– Sí sí, H-A-Í. Y si no es así, sin H, pero es con I normal, no Y griega.

Arggggg…

Tras demostrarle con la ayuda de mi padre, cómo se escribe realmente esa palabra, le digo que tiene que leer más, que el problema de sus faltas de ortografía es que no lee más que los titulares de la sección de deportes (bueno, sólo los de la página del Sevilla) del ABC. Y me lleva a su cuarto, indignado, y me enseña el libro que hay sobre su mesita de noche, la primera parte de la trilogía de Aquasilva, que lleva por la mitad.

No sé cómo explicarle que si en sus 16 años de vida se ha leído tan solo 300 páginas de un libro, no puede callarme la boca si le digo que su problema es que no lee. En fin… La adolescencia…

Tambien me quejo de las pu… mujeres de vida alegre que trabajan en la esquina de mi calle. Que se tienen que ganar la vida, que sí, que lo entiendo… Pero coñe, que son las 20:30. Joder, un poquito de por favor, que a esa hora nos hemos cruzado una madre con sus dos hijos pequeños y yo, con 3 de ellas, muy ligeritas de ropa todas, y una de ellas incluso ya negociando… Mean en la calle, dejan los condones tirados por el suelo… Y todo eso a 10 metros de la puerta de un colegio de primaria. En fin…

También la sanidad pública me tiene contento. Hace 3 meses que mi padre espera que le llamen para operarse de las piedras que tiene en la vesícula. El domingo tuvimos que ir a urgencias por un dolor muy fuerte que llevaba teniendo en el abdomen, que pensábamos que sería de la vesícula, pero no, resultó ser apendicitis. Bueno, que por la cabezonería de mi padre, cuando llegamos al hospital ya era una peritonitis. Pues le ha tenido que ocurrir esto para que se acuerden de que está esperando una intervención. Lo que más me mosquea es que en vez de llevarle yo, llamamos a la ambulancia, para así evitarnos varias horas de espera (que si vas por tu propio pie, como que duele menos, o eso deben pensar en urgencias). Pero ni aún así nos libramos de 4 laaaargas horas en la sala de espera (y mi padre en el pasillo, que no había más sitio) para una radiografía y no sé qué otra analítica. Después de la operación, ¿Para qué iban a subirle a planta? Nada nada, en observación, con 40 personas más y 5 enfermeras (que no hacían una mierda).

“Trabajar en urgencias debe ser horrible, todo el día agobiado y con presión…” decía mi madre… Eso de “agobio” en el hospital Virgen Macarena parece que no lo conocen. No he visto mayor parsimonia en mi vida. El enfermero llevando a los enfermos con la radie puesta escuchando al Betis, las dos enfermeras hablando en un rincón contándose no sé qué de la vecina de una de ellas… Y mientras mi padre, con peritonitis, sentado esperando en el pasillo…

Bueno, mejor paro ya. Aunque antes de irme diré que al final después de 4 días en el hospital, a mi padre le dieron una habitación. 3 horas antes de darle el alta, pero esta mañana le dieron una habitación.

Tsss…

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Ya estoy reventao

Aún no ha acabado la semana y estoy que no puedo más. Este trabajo es agotador, de 8:45 que salgo de casa, a 21:45 que suelo acabar mi jornada laboral… No me queda tiempo para nada, y aunque me quedase, tampoco haría nada, que es llegar a casa y sólo tengo ganas de cenar y dormir… Ahora es cuando alguno vendrá y dirá: “pues yo trabajo 85 horas seguidas en un cráter a 4.335 metros de profundidad, con una temperatura de 309º, envasando al vacío roca fundida en bolsitas individuales de 22.675′ 08 gramos, ni uno más, ni uno menos, con gases tóxicos fluyendo por allí. Y sin máscara, y yo no me quejo”. Bueno, pues evidentemente cada uno tiene lo suyo, pero yo os voy a contar en qué consisten mis días de lunes a viernes (menos hoy, que me ha entrado fiebre y casi que mejor quedarse en casa y no joder más la marrana).

Tenemos durante la mañana 4 turnos, y otros 2 por la tarde, y en cada uno trabajamos con un grupo de alumnos concreto, agrupados por sus capacidades/similitud de sus problemas (que como diré más abajo, luego no son tan parecidos), o también a veces por su grupo de edad.

Carmen (la profesora de integración) y yo, vamos aula por aula recogiendo a los niños más pequeños y a los que tienen mayores deficiencias, y los llevamos al aula de integración (los mayores o más autónomos van solos). En cada turno trabajamos con un grupo, de 2 a 6 alumnos, y cada grupo viena 2, 3 o 4 veces por semana, según sus necesidades.

Al principio me llegó a parecer que en cada grupo, los niños eran casi todos iguales. Por ejemplo, dos niños de 10 años, Javier y Alejandro, haciendo problemas de matemáticas de sumar y restar, y parece que se equivocan en las mismas cosas. Yo les corrijo los problemas, les explico dónde está el fallo, les ayudo a encontrar la respuesta correcta, y pensaba: “vale, esto es fácil, simplemente se les olvida que se llevan una, o se equivocan al colocar las unidades debajo de las unidades, o se despistan y ponen el signo de restar en vez del de sumar…”

Pero cuando te lees los informes de cada niño y ves el diagnóstico de cada uno, ves que cada alumno es de verdad un mundo. El primero a lo mejor entiende lo que dice el texto del problema, pero no tiene ni idea de para qué es eso de las unidades, las decenas y las centenas. Es algo muy abstracto para él, y a la hora de colocar los números siguiendo un orden, lo obvia, o vete tú a saber qué pasa por su cabeza en ese momento, pero el caso es que allí coloca los números sin regirse por las leyes de la lógica, y a veces los coloca bien, pero otras no. Aunque luego le preguntes y te sepa decir que del número 265, el 2 son las centenas, el 6 las decenas y el 5 las unidades, y eso es una de las cosas que a mí luego me rallan…

O el otro chaval, que le pones a leer, por ejemplo, En el jardín de Paquita, había una flor rosa que cada día estaba más bonita, y le preguntas “¿Dónde está la flor rosa?”, y no te sabe responder. O se inventa la respuesta, o tras leer un rato la frase, te contesta decidido “la flor rosa”… Así que al leer un problema de matemáticas, coge los números y por inspiración divina se pone a sumar o se pone a restar, según le de la gana…

En fin, que hay que estudiar bien cada caso, y en función del diagnóstico y sus necesidades, habrá que trabajarle unos aspectos u otros de una determinada forma… Y eso es complicado, y agota.

Tenemos niños de 6 a 19 años, síndromes down, casos más raros como el Klinefelter, o niños con algunas características autistas… Hay que estar muy encima de ellos, y a veces hay que usar algunas técnicas muy duras o muy sacrificadas. Por ejemplo, una niña 6 años síndrome de down, que a veces es agresiva, ayer tiró del pelo a Carmen, y a hay veces que no funciona simplemente con gritarle que pare, o intentar quitarla de encima, sino que hay que usar una extinción (una técnica que consiste en “ignorar” las malas conductas y premiar las buenas).

Pequeño paréntesis para que nos entendamos, que además esto que os voy a decir es muy útil:

Por ejemplo. Si tenemos un bebé, y no para de llorar, y lo cogemos y se calla, lo soltamos al rato y vuelve a llorar… Y sólo se calla cuando le cogemos (usease, que no le pasa nada, no está enfermo, no se ha cagao, sólo que quiere que le cojan)… Lo que hay que usar es la extinción, usease, “ignorarle”, y que se deje los pulmones llorando y gritando, que no vas a ir a por él. Y un día que no vas, otro día que tampoco vas, y al tercero estás hasta los huevos de oírle llorar, y al cabo de hora y media le coges, sólo para que se calle de una vez. Pero no le piensas coger más ¿eh? Ha sido sólo esta vez y nunca más… Pues ya la has liado.

Porque el niño aprende muy rápido, y al siguiente día volverá a llorar, y sabrá que a lo mejor hoy no vienes, y mañana a lo mejor tampoco, pero si sigue llorando al final vendrás y le cogerás… Así que lo que hay que hacer es no ir NUNCA, bajo ningún concepto, que no sea como decía mi madre cuando me levantaba algún castigo: “que no sirva de precedente, que otra vez no te perdono…”… Vaya que no. Allí estaba yo insistiendo y llorando al siguiente castigo, porque sabía que al final se iba a hartar y me iba a perdonar. Y así era. Así que si no vas cuando llora, y en cambio sí le coges cuando esté calmado, aprenderá que si quiere que le cojas, lo mejor que puede hacer es dejar de llorar. Fin del paréntesis.

Así que cuando la niña tiraba del pelo de Carmen, al final tuvimos que dejar que se cansase de tirarle del pelo, “ignorándola”, hasta que dejó de hacerlo, y entonces le prestamos atención y la reforzamos con caricias y alabanzas. Y no veas las ganas que te entraban de meterle una guantá a la niña. Y es que insisto, es un trabajo duro, que encima con estos niños que no son autónomos, tienes desde que ponerles el abrigo, hasta limpiarles los mocos o las babas, que no son capaces de controlar la salivación, y te manchan las manos, o ponen el papel perdido de babas… La verdad es que da un poquito de asco, pa que nos vamos a engañar.

Uff… Vaya parrafada que llevo, voy a resumir el resto del día: Las clases acaban a las 17:30, llego a casa con el tiempo justo de tomarme un vaso de leche, coger el coche e irme a un extremo de Sevilla, donde el viento da la vuelta, para darle clases a Ale. A las 19:40 o así (según lo que se alargue la clase, que por suerte o por desgracia no soy de esos profesores que si les pagan por horas, a los 59 minutos le dice al alumno: “bueno, ya acabas el problema tú solito”). Sobre las 20:00 estoy en casa, con el tiempo de aparcar, tomar un poco de agua, sentarme 5 minutos en el sofá, y salir para casa de Nana, a trabajar con ella de 20:30 a 21:30(que como he dicho antes, se suele alargar un poco…).

Pues sí, y cuando llego a casa tengo aún que ver qué niños tendré al día siguiente, preparar actividades para trabajar con ellos, y luego ya lo que hace todo el mundo de ducharse, cenar y dormir, no va más. Por eso, últimamente ni escribo aquí, ni entro en blogs, ni toco la guitarra, ni leo siquiera “Un mundo sin fin”, que me tiene enganchado y sólo puedo leer los fines de semana… Pero en fin, al final es hasta gratificante.

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Primer día de prácticas

Hoy ha sido el primer día de las prácticas. Este año, en vez de ser en un aula ordinaria como el año pasado, estoy en el aula de integración, porque ya las segundas prácticas son específicas de cada modalidad, y la mía, como ya sabéis, es pedagogía terapéutica. Usease, que en mi clase hay de todo. Varios síndromes Down, algún síndrome Asperger, deficiencias mentales, retrasos lectoescritores, algún autista y un superdotado (además de algunos con síndromes raros que aún no me he aprendido).

Me gusta, porque la verdad es que es un trabajo lento pero muy gratificante, se pasan las horas enseguida. De hecho, ahora iba a poner pros y contras, y éste es un pro. Otro pro, es el horario. Los niños entran a las 9:10 de la mañana, salen a las 13:30, y los lunes y martes hay clase por la tarde de 15:30 a 17:30. Son poquitas horas de clase, pero bien aprovechadas. Otro pro es que la mayoría de profesores, orientadores, el director mismo, son jóvenes. No tienen 20 años, pero la mayoría no llega a los 40 siquiera. Eso es importante, porque por lo general están más abiertos a cambios, orientaciones, recursos, y eso se nota cuando ves que hay clases con 2 profesores por aula, que es lo ideal y lo que se lleva haciendo en Finlandia durante mucho tiempo. También están muy colaboradores con los alumnos de prácticas, facilitando documentos y permitiendo su movilidad (aún me acuerdo del mal rato que pasé haciendo fotos a escondidas a los documentos del cole del año pasado, que no dejaban hacerles fotocopias).

El único contra que le veo es que no está ni lejos ni cerca. Es decir. Si estuviera cerca, voy andando, evidentemente. Si estuviera lejos, voy en coche y sin problema. Pero estando a una distancia media… Te da cosa coger el coche a diario (que está el dinero como para tirarlo en gasolina) cuando puedes ir andando… ¡Pero son 20 minutos! Algunos se preguntarán si de verdad pienso que eso sea mucho. Pues para alguien que se ha pasado toda su vida con el colegio debajo de su casa (que entraba a las 8:00 y mi despertador sonaba a las 7:47) y que además posee un coche que aceleraría mucho el proceso… Sí, 20 minutos yendo a un sitio es mucho tiempo. Que además lo pierdo de sueño, que soy muy camero y no me gusta madrugar (y sí, os lo estáis preguntando y la respuesta es afirmativa, conozco gente a la que le gusta madrugar).

Para terminar, me quedo con la frase de mi alumno particular, Ale, al que le estoy explicando las palabras derivadas:

Ale, si el panadero es el que vende el pan, el pescadero vende pescado, y el frutero vende fruta, ¿Cómo será el que venda churros?

Respuesta de Ale: un churrenguele

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¿Futuro claro, u oscuro?

Siempre me lo he preguntado, pero creo que nunca he dejado constancia de ello.

Vivimos en la sociedad de los teléfonos móviles, de las antenas parabólicas, los microondas, las sesiones de rayos uva, las radiografías del hospital, el agujero de la capa de ozono, … Y realmente, casi se puede decir que somos la primera generación (o primeras generaciones) que está experimentando todo ésto. Y digo yo… ¿No será, tal vez, y a la larga… perjudicial?

No estoy ni mucho menos en contra de las nuevas tecnologías, pero sí es verdad que a veces me lo pregunto, y no puedo evitar acojonarme. ¿A la larga nos pasará factura el meter la mano en el microondas, sacar la leche y tal como la sacamos, le echamos el colacao y nos la bebemos? ¿O no nos arrepentiremos muchos, el habernos pasado tantísimas horas con el teléfono movil pegado a la oreja?

Hace poco vi “Soy Leyenda” (sin entrar en si es buena o es mala, yo voy al cine para entretenerme, y me entretuve mucho), y esa peli tiene algo que ver con lo que me estoy preguntando. Tampoco mucho, que lo de la peli es mu exagerao, pero un poco sí que tiene que ver. Y es que es posible que algún día veamos que la radiación de la antena parabólica de ahí enfrente nos ha dejado estériles, o que oigamos en las noticias al hijo de Matías Prats junior, que los tumores cerebrales en los últimos 20 años aumentaron en proporción al aumento de ventas de teléfonos móviles…

No pretendo acojonaros (bueno, un poco sí :P), pero quiero que sepáis que somos la generación cobaya, y que espero que cuando tengáis 98 años os riáis de mí por pensar en semejantes memeces.

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Ahora sí, vida nueva

Ya sabéis lo del año nuevo, vida igual… Pues ya no. A partir del martes pasado ya empezaron a ser las cosas distintas, pero sobre todo a partir del lunes será bastante diferente, al menos durante 6 semanas.

Hace unos días vi un anuncio en mi facultad de que se necesitaba profesor de apoyo, y claro, yo que estoy más seco quel ojo de un tuerto, pues a ver si puedo aprovechar mis oportunidades de sacarme un dinerillo. Vaya por Dios, que una chica se me había adelantado… Pero a los dos días me llaman del anuncio, diciendo que la chica les ha fallado, y que si aún estoy interesado, el puesto es mío. Claro, que no es tan fácil, ya que la situación es algo especial. Los padres de Ale están separados, cada uno vive en un barrio, y Ale pasa un día con cada uno… Así que el lunes, a casa de la madre, el martes a casa del padre, el miércoles de nuevo a la de la madre, el jueves la del padre, el viernes la de la madre… Y para más lío, a horas distintas. Las calles, no las había oído en mi vida: Japón y Satsumas, que encima es una de las calles fantasma que hullen de mí, como aquella en Lisboa que tanto me desesperó. Ahora me pasé 20 minutos buscando el nº 9 de la calle Satsumas, que al final resultó que estaba en otra calle… Y el porterillo no funcionaba, y yo pensando que qué raro que no había nadie, hasta que se me ocurrió colarme y subir directamente al 10º piso a comprobarlo (por las escaleras, que el ascensor se ve que tampoco responde a la llamada de los extraños… ).

Pero bueno, después de aquella madre que tras preguntarme mi signo del zodiaco y comprobar que iba bien con el de sus niños, quería que les diera clase de matemáticas y conocimiento del medio a los 3 hijos a la vez, y en inglés… Pues después de cosas como ésa, ya no me sorprendo tan fácilmente.

Pero bueno, el martes empecé y parece que todos son muy buena gente, y sobretodo el niño, que es más desprendío que toas las cosas, que parece que tiene agujeros en las manos. Siempre al terminar de darle clase me despide desde la puerta después de haberme dao una chocolatina. Está en 3º de primaria,y hoy se examinaba de las tablas de multiplicar. Yo me esperaba que estuvieran más adelantados, por las divisiones. Pero bueno, tendré que llamar e informarme de si es cosa del currículum que imparte el colegio, porque el año pasado le di clase a Marcos y a David, y en 3º de primaria ya estaban empezando las divisiones con llevada.

Y el lunes empiezo mi segunda (y última) tanda de prácticas, esta vez específicas de pedagogía terapéutica (la primera tanda siempre es de maestro “normal”, la segunda según tu especialidad). Va a ser duro, porque la educación especial no es especialmente fácil para un maestro, pero bueno, son 6 semanas en las que me enfrentaré a la realidad que he eligido, y darme cuenta de si es lo que quiero o no. El colegio es de monjas, y mi madre se ha empeñado en que vaya hecho un pincel, para dejar además del currículum vitae, buena impresión. Así que me tendré que acostumbrar al tacto de los zapatos, yo que era tan feliz con mis zapatillas de tela…

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Exámenes tipo test, un par de consejos

Muchos estaréis estudiando. Algunos os pondrán de vez en cuando los exámenes “tipo test”. A unos les gustan más que a otros. Unos dicen que son una putada, porque con que falles un par de preguntas estás al borde del suspenso, que son una lotería, que (lógicamente) no te puedes enrollar… Los más flojos pensamos que mejor para nosotros, así no hay que estudiar tanto.

Pues esta mañana tenía uno de esos. Era una asignatura de “sólo” estudiar, cosas muy feas, pero estudiar y punto, así que dentro de lo que cabe, me alegra de que haya sido tipo test. Básicamente, la asignatura es derecho aplicado a la educación, y es más feo que un cruce entre Alf y Yoda (bueno, para quien le guste el derecho, los decretos ley, los organismos ejecutivos y todas esas cosas, pues será bonito, claro).

La cosa es que Mer me pasó un examen de un año anterior, y claro, me vino como maná caído del cielo. También me dejó el libro de la asignatura, pero la verdad es que lo he abierto poco, porque ni iba a clase de lo feas y aburridas que llegaban a ser las horas con ese hombre, con su metodología contemplativa y parsimoniosa… Así que se puede decir que “dejé” la asignatura, aunque al examen quería presentarme, que igual que no pensaba aprobar si los errores restan nota (a no ser que pusieran el mismo examen que me había dejado Mer, que entonces sacaría el 10, pero iba a ser que no), tampoco pensaba que fuera a agotar todas las convocatorias, y siempre me gusta ver cómo son los exámenes, por si a la siguiente convocatoria vuelve a poner el mismo, que me suene al menos.

El caso es que le dediqué un ratillo al examen, y pensando en que seguramente no fuera el mismo que me pondrían (bien pensado), me puse a hacer al menos un estudio de las respuestas de éste, y también de otros exámenes tipo test de otras asignaturas que tenía por aquí archivados, para contrastar resultados. ¿Un estudio? ¿Qué hablas? ¿La noche antes del examen? Tú estás cogío. Pues sí, en total reuní, más o menos unas 150 preguntas tipo test, todas con 4 opciones A, B, C y D, siendo sólo 1 de ellas la verdadera. Y me dio el siguiente resultado:

opción A la correcta: 42 veces

opción B: 38 veces

opción C: 39 veces

opción D:32 veces

opción más larga la correcta: 71 veces

opción más larga no es la correcta: 10 veces

opción D tipo “todas las anteriores son correctas” o “ninguna de las anteriores es correcta”, es la correcta: 9 veces

opción D “todas las anteriores son correctas” o “ninguna de las anteriores es correcta”, no es la correcta: 46 veces

Las proporciones de resultados eran similares en cada examen por separado. Eso me dio a pensar que aunque cada profesor pone el examen como le da la gana, en caso de duda, la probabilidad me dice que la primera que debería coger es la respuesta más larga (en caso de que hubiera una más larga que las demás, pero no sólo en número de letras o en longitud, sino en contenidos también).

Si todas las respuestas son más o menos parecidas en cuanto a longitud, y en la opción D pone eso de “todas…” o “ninguna…”, esa opción la descarto por el momento, que seguramente no sea la correcta, y elijo cualquiera de las otras 3, a no ser que esas 3 se complementen y vea lógico que puedan ser las 3 juntas, pero eso ya es ver la lógica de cada caso.

Pero vaya, que en caso de que no haya conexión aparente entre las 3 primeras respuestas, o alguna contradiga a otra… Lo más probable es que sea la respuesta A, aunque ahí casi mejor no fiarse demasiado, que aunque la A es la que más veces ha sido la correcta, la diferencia es mínima entre las otras 4 opciones, así que mejor intentar sacar la respuesta por deducción, por contradicciones, o simplemente por lógica. Y si no la sacas y los errores restan aciertos (como era el caso de esta mañana), mejor déjala en blanco.

Bueno, pues así es como he aprobado yo esta asignatura, que estaba convencido de que me llevaría a junio, y a septiembre incluso. La he aprobao por los pelos, eso sí, pero está aprobada. De las 40 preguntas, he contestado 27. Y lo guay, es que realmente, sólo sabía la respuesta de 15. Osea, que las otras 12 respuestas que quedaban y que yo no sabía, las he contestado utilizando el método antes mencionado, y he acertado todas menos 1.

26 aciertos, y se aprobaba con 25… Puede que hoy fuera mi día, o que las matemáticas sirvan para algo. Sea como sea, no está mal, ¿Eh?.

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Y yo no gano pa disgustos

Hay que ver… Ayer el Sevilla me dio la primera… Pa un partido que no me tengo que ir al bar a verlo, me quedo en casa con mis aceitunitas de Jaén, de las buenas, mi pizza rica rica, en la buena compañía de mi padre, en casa calentito y cómodo… Pues nada, que era mi noche pero no la de mi Sevilla. Que encima le expulsan a Escudé (yo creo que injustamente), ¡Como si no tuviéramos ya suficientes bajas!

Pero bueno, no pasa nada, el finde no está perdido. Aún quedaba el partido de esta mañana. Vamos bien clasificados en la liga, con opciones de jugar la liguilla de ascenso a Segunda… Y se presentaba bien la cosa. Las 10 de la mañana, y del otro equipo sólo había 3 jugadores. “Bueno, madrugar para nada, nos darán el partido ganado por 3-0, y a casita”. Pero en el último momento vinieron otros dos. Claro, no tenían cambios, no podía ser muy difícil. Además, el “Nothingam Miedo” (sí, aquí en Sevilla, los nombres serios no nos gustan) estaba por debajo nuestra, así que demasiado buenos no iban a ser… Po vaya que no. Vaya 4 jugones (del portero no hablo porque apenas tocó la pelota). Nos costó la misma vida defender, pero aún así, el espíritu de Arconada, Unzué y Casillas se introdujo dentro de mí, y se puede decir que salvé varios 0-1. Pero en una falta al borde del área, el tiro pasa rozando el poste, por fuera, pero el balón acaba dentro. La red estaba rota… Ole. El árbitro da el gol, no atiende a razones, y dice que es gol mediante una buena deducción: “El que ha tirao es zurdo, no se ha podio ir fuera, si el portero no la ha parado, no es mi problema”. Evidentemente, en el descanso, el que había “marcado” me dijo: “Illo, pero en verdad no ha entrao ¿No? amos, pa mí que se ha ido fuera, y por mucho además”. Pero bueno, hemos perdido porque igualmente han sido mejores, pero aún así estas cosas le dejan a uno disgustao.

Llego a casa y me encuentro a mi hermano con un extraño pelao. Le ha dao por coger la maquinilla que me compré hace unos días. 30€, pa cuando te quieres recortar las patillas, que ya hay mucho volúmen, o pa cuando te dejas barba y no quieres parecer un náufrago… Pues nada, mi hermano la ha cogido, se ha rapao las sienes, y se ha dejao una especie de cresta, que no es cresta porque le cubre casi toda la cabeza… Pero más feo… Este niño no aprende. Pero lo peor no es eso, sino que el chaval, con el sentido común de una zanahora, ha ido a limpiar la maquinilla con agua. Debió perderse el capítulo de barrio sésamo donde decían que los aparatos eléctricos y el agua no se juntan. Ahora me da miedo enchufarla a la pared, vaya a ser que nos quedemos pegaos… Tsss con lo fácil que es conseguir dinero, como para tirarlo a la basura.

Y mañana examen, y no tengo ni idea… Ais…

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