Los calcetines de Hitler

Las noches del sábado al domingo son un paraíso para el insomne. Pones la radio, la ser, y con Milenio 3 y Ser Historia tienes para dar vueltas en la cama hasta las 6. Hace algunas semanas, entre sueño y sueño escuché en Ser Historia que estaban hablando sobre Hitler, y recuerdo que me pareció muy curioso.

Decían que estando los rusos a pocos kilómetros de Berlín, con la guerra ya casi perdida para los alemanes, Hitler temía muchísimo que le convirtieran en un monoferia, que le enjaularan y le pasearan por las ciudades como al monstruo que era. El día antes de morir se entera de que Mussolini ha muerto y escucha por la radio que con su cuerpo están haciendo barbaridades, colgándolo de una gasolinera y haciéndole de todo, y Hitler pensó entonces que hasta aquí hemos llegado.

Su piloto personal le dice que tiene gasolina y puede llevarle en avioneta con los árabes, que tanto le aprecian y aprueban su filosofía antisemita. Pero Hitler le dice que no, que esa gasolina la guarde, porque la necesita para quemar sus restos y que nadie pueda encontrar ni siquiera un hueso suyo para profanarlo.

Así pues, Hitler y Eva Braun, en el búnker donde pasaron refugiados sus últimos días, se preparan para quitarse la vida con veneno y un par de balas en sendas pistolas. Toman una pastilla cada uno y Hitler se pega un tiro en la cabeza. El cianuro actúa rápido y Eva cae incluso antes de poder autodispararse. Y sus restos son quemados.

Todo esto lo presenciaron bastantes testigos. Algunos cayeron en manos americanas o británicas y fueron al juicio de Nuremberg. Otros cayeron en manos soviéticas y estuvieron varios años siendo interrogados.

Stalin llega al poco tiempo al búnker y pregunta por los cadáveres, a lo que le dan los pocos restos de huesos que quedan. A la policía secreta le parece que eso y nada es casi lo mismo, que lo suyo es mostrar una fotografía del cadáver reconocible… Y si no es el de Hitler pues el de uno que se le pareciera mucho. Así que buscaron por Berlín y encontraron a alguien que daba el pego (el cadáver, o mataron al tío, eso no se sabe). Lo vistieron para que diera más pego y se dispusieron a presentarlo en sociedad.

Pusieron el cuerpo entre las ruinas y escombros de Berlín y todos los periodistas se hincharon a hacerle fotos. Y mira qué curioso, que en Estados Unidos estaban un poco moscas con lo del cadáver, y uno de los periodistas que allí estaba echando fotos pensaba “pero si los prisioneros alemanes que tenemos capturados aseguran que los restos de Hitler los quemaron, que ellos estaban presentes, que estuvieron allí mientras el cadáver ardía… ¿cómo puede ser que ahora esté aquí esto?”; así que examina el cadáver minuciosamente y se encuentra con que en los pies descalzos lleva unos calcetines, ¡y que los calcetines están zurcidos!

Claro, el periodista rápidamente comenta con cierta algarabía que había que ver a Eva Braun zurciéndole los calcetines a Hitler, quien reciclaba sus calcetines rotos cuando los rompía… Sí, enseguía. Aquello cantaba tanto a fake que los rusos tuvieron que recular; a alguien de la secreta soviética se le caería el pelo por no haber caído en el detalle de los calcetines, y rápidamente retiraron las fotos.

Una de las leyendas urbanas más extendidas es que Hitler logró huir nada menos que a Argentina… Pues ya sabemos que no, aunque no haya fotos del verdadero cadáver, el cual esperamos que antes de ser quemado por lo menos llevase unos calcetines bien nuevecitos.

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