Los indignados y la hoguera de las vanidades

Yo opino que todo es cíclico, desde el curso de los días y las noches, las estaciones, todo. Pues parece que hasta algunos acontecimientos se repiten, como el famoso “movimiento” de los indignados.

Hace mucho tiempo, en una ciudad muy muy lejana llamada Florencia, ocurrieron un montón de cosas relacionadas con el renacimiento cultural y político occidental. En el momento del apogeo florentino, muchas caras renombradas se daban cita por sus calles, como Miguel Ángel, Leonardo, Botticelli, Maquiavelo; mientras, las importantes familias como los Pazzi o los Orsini disputaban el poder a los Médici, quienes supieron sacarle jugo a los buenos haceres con la banca para dominar Florencia.

Lorenzo de Médici, El Magnífico, representaba la rimbombancia. Amante de las artes y el lujo, llevó a Florencia al cénit cultural. Claro que para ello era necesario el despilfarro, algo de moda durante la época y que ahora egoistamente casi agradecemos, pues si no nuestras ciudades y museos actuales serían bastante más pobres, pero que por aquel entonces simplemente acrecentaba las diferencias entre las riquezas de unos y las pobrezas de casi todos.

Una corriente mucho más austera estaba encabezada por Girolamo Savonarola. Este religioso se ganó a su público en sus sermones, entre otras cosas por sus predicciones casi proféticas. Claro que toda esta lucha por promover la austeridad  no resultaba cómoda para las altas esferas, tanto laicas como confesionales. A los papas los traía fritos. Inocencio VIII y Alejandro VI fueron blanco de sus discursos que promulgaban pobreza.

En 1494, los Médici son expulsados de Florencia a la llegada de Carlos VIII de Francia, que va a Nápoles a reclamar tronos cuando Savonarola lo proclama “nuevo Ciro”, que liberará al pueblo de la ostentosidad de los Médicis. Savonarola es erigido líder y pone en práctica sus teorías, y lo hace a través de hogueras donde quema desde libros prohibidos a espejos o perfumes (de ahí lo de hogueras de vanidades). La imposición de la vuelta a las costumbres sencillas, al vestir sin lujos, a privar de excesos al pueblo, provocó que unos cuantos se indignaran.

Y aquí están, los indignados, pero no del 15-M, sino de Florencia en el siglo XV. Claro, que allí no eran indignados sino “arrabbiati”, y salieron mal parados… ¿Está pasando lo mismo con los indignados del siglo XXI?

Pero bueno, para concluir la historia, Cuando muere el rey de Francia, que era el gran aliado de Savonarola, al papa Borgia se le hinchan los huevos y manda a la ciudad un dispositivo especial que acaba por quemar vivo a Savonarola en la plaza de la señoría. Y allí se puede ver aún una placa en el suelo en el sitio donde se levantó su hoguera, que no fue de vanidad sino de austeridad.

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