El zorro y la zorra

El mágico mundo que es la lengua española y sus múltiples posibilidades a veces sirve para enmascarar casos de violencia bastante gordos. Doy por supuesto que todos conocen (por encima al menos) el caso de esta sentencia a un hombre por amenazas a su mujer, que la Audiencia de Murcia ha revocado.

Parece ser que los medios se han hecho eco de una conversación telefónica entre el hombre y el hijo de ambos:  «Dile a tu madre que va a tener que ir como las zorras, mirando por la calle para adelante y para atrás, porque en cualquier momento la voy a matar».

Según lo que dicen los medios de comunicación, la Audiencia de Murcia ha decidido que la pena de un año de cárcel y el alejamiento de su ex-mujer que se le había impuesto es excesivo, porque la palabra zorra no tiene por qué ser un insulto, así que mejor una semanita de libertad vigilada. Bien, pues voy por partes.

Primero, suponiendo que lo que se dice sea realmente lo sucedido.

Es cierto que en el español, los nombres de animales suelen usarse para describir cualidades de personas. Así, si eres un tío muy flojo, un vago, se dice que eres un perro. Si estás fuerte, estás como un toro. Si eres muy listo, estás hecho un zorro… Y así sucesivamente. Pero ocurre que cuando usas el femenino de esos animales para describir a personas (mujeres, evidentemente), perra, vaca y zorra no hacen alusión a las mismas cualidades. A priori al menos. ¿Debería ser así? Pues no sé si debería, pero la realidad es que es así, nos guste o no. Si tú llamas zorra a una mujer y se ofende, no te va a servir decirle “no no, me refiero a la quinta acepción de la palabra zorra que recoge el diccionario de la RAE, que eres muy astuta…”. Bueno, a lo mejor se da la circunstancia de que el que dice eso es una persona culta, bienintencionada, y que el contexto que rodea a la palabra coincide con el significado que damos a zorra, pero en este caso, no sé yo qué decirte. Las prostitutas (o su término despectivo “zorras”, también van por la calle mirando a todos lados (al menos las de mi calle). Si encima en la misma frase dice el tío que la va a matar… Pues apaga y vámonos. Aunque ya vemos que con algunos jueces sí que cuela.

Pero lo que de verdad me importa, o me parece la cuestión principal, es que el hecho de llamar zorra, pájara o lagarta a alguien, es lo de menos. Por favor, ¿de verdad lo más importante de esa conversación telefónica es el símil que hace el hombre en su recomendación a cómo debe ir por la calle la mujer, o la amenaza en sí de que la va a matar? Es que me parece que ya la puede llamar puta, mamona y chingatumadre que lo chungo del tema es que se la va a cargar.

En resumen, el debate semántico está muy bien, pero no nos quedemos con las formas, como hacemos siempre, y vayamos de una vez al fondo, que es lo importante de verdad. Si esa mujer muere (que dios no lo quiera), no sé yo si lo importante será si la llamó zorra o listilla.

Ahora bien, suponiendo que los medios sólo han recogido la parte que les ha interesado, hay que matizar. Porque parece ser que esa conversación entre el apdre y el hijo está un poco en el aire, mientras sí hay otra en la que también aparece la palabra zorra. La mujer llamó por teléfono al marido, con premeditación y alevosía, pues estaba grabando la llamada, y según parece (que aún no me he leído la sentencia), ésta le provocó con su actitud y sus palabras para que el hombre la insultase, mientras el marido al parecer mantenía una actitud no agresiva. La palabra zorra apareció en la conversación, pero por lo visto, ésta no era amenazante en ningún momento. Según parece, son ésos y no otros semánticos, los motivos que han llevado al juez a cambiar la condena.

Y es que este es otro tema, el de las mujeres sin muchos escrúpulos que con tal de ganarse unos euros son capaces de decir que su marido las maltrata, porque saben que tienen todas las de ganar. Es muy triste, y no digo que éste sea uno de esos casos, pero ocurre chorrocientas veces.

  1. #1 por Trilce el 19 octubre, 2011 - 11:41

    Me estaba quedando de piedra al verte hablar de insultos y no de que se la fuera a cargar. Yo no había pensado en lo de la premeditación y alevosía, pero… ¿y si en vez de llamarlo para provocarle y sacar unos euros lo ha llamado grabándolo porque es una actitud que se repite constantemente y sabía que se iba a volver a producir? Hay una vida en juego y la libertad de una persona que quizá es inocente en el otro lado. Yo no sé qué decisión es más sabia, pero igual en lugar de arriesgarte a que la maten está bien ponerle a ella alguien que vele por su seguridad, aunque al otro lo dejes en libertad bajo vigilancia porque no estás seguro.

  2. #2 por ktulu el 19 octubre, 2011 - 11:59

    Pues es un buen detalle ese de que se grabe la conversación porque ya se haya repetido… Desde luego es un tema chungo, y habiendo tantísimos casos de malos tratos, hay que ir con pies de plomo…

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