Qué hacer en los malos momentos

Por suerte o por desgracia, en la vida se pasa por momentos buenos y malos. De los dos. Ya puedes ser la persona más feliz del Universo que tendrás algún mal rato.

Yo pienso que las cosas de este mundo son cíclicas. Cada dia sale el sol y se esconde por la noche. Nos entra hambre, comemos y mañana volveremos a tener hambre. Los inviernos se repiten año a año, y como todos los años las plantas mueren y después revivirán. Cada cierto tiempo se producen cambios en la situación actual, no sólo de la naturaleza, sino de todo lo que nos rodea, que nos hacen acercarnos a lo que había antes.

Esto es aplicable a las modas, por poner un ejemplo moderno. Hace varios años se pusieron de moda los pantalones de campana. Otra vez. Se volvió a los 70. Y luego con los pantalones superajustados. Volvimos a los 80. Peinados, complementos… En las artes pasa lo mismo. En arquitectura con el renacimiento, el barroco, el rococó… Todo es cíclico.  También se puede aplicar a momentos por los que atraviesan las personas. Me gusta llamarlo “rachas”.

Hay rachas mejores y rachas peores. Normal. Sin cosas malas, las buenas no serían buenas. Probablemente no disfrutaríamos los momentos buenos sin saber que existen momentos malos..

Al pensar en malos momentos, por lo general uno piensa en estados alterados de la mente. También hay malos momentos de dolores corporales. Cíclicamente me duele la cabeza, se me pasa y dentro de un tiempo me volverá a doler.

A la gente que es consciente de esta situación de no permanencia, se les suele llamar personas “negativas” si continuamente están pensando en que lo que venga será mucho peor, o “positivas”, si cuando lo pasan mal se animan pensando que hay salida, que esto no es eterno. Evidentemente, hay otros factores mucho más determinantes que hacen que alguien vea los vasos medio llenos o medio vacíos, pero esta visión cíclica me ayudará a exponer lo que quiero transmitir.

Este positivismo del que hablo, es bueno hasta cierto punto. Uno no puede simplemente pensar que las cosas cambiarán, que el Espíritu Santo y la blanca paloma bajarán a solucionarnos la vida. No. Así no funciona.

Mirar adelante con optimismo ayuda, siempre que sepas que las cosas no dependen sólo de eso. El optimismo debe ser un fin, no el medio para alcanzarlo. Tu meta cuando estás mal es ponerte bien. Es obvio. Y si te quieres poner bien, lo primero es pensar que puedes ponerte bien. Que las cosas pueden cambiar.

Hay teorías que hablan sobre la anticipación de situaciones. Algunos filósofos modernos opinan que reproduciendo mentalmente situaciones que se desea que ocurran próximamente, éstas son más propicias a darse. No hablo de desear tener un ferrari y que a las dos horas se tenga, ojo. En esta entrada puse el vídeo de una entrevista a uno de estos pensadores, y os lo recomiendo.

Yo, no obstante, opino que es muy fácil confundir esto con el principal mal que afecta a los jóvenes modernos. Es evidente que de lo que voy a hablar ahora, ni lo he inventado yo, ni se ha dado sólo ahora, ni es sólo en los jóvenes, pero es el pan nuestro de cada día en estudiantes del siglo XXI. Estoy hablando del mal de la anticipación.

Me ha costado mucho llegar a verlo por mí mismo, porque por naturaleza soy muy reflexivo, dubitativo e indeciso.

Mucha gente, ante posibles situaciones comprometidas, decisiones, conversaciones importantes, o simplemente ante la llegada de un acontecimiento inminente, la gente se anticipa. Visualiza el futuro (lo que se cree que va a ser el futuro, pero que nadie sabe si será así o será de cualquier otra de las infinitas opciones posibles) y se pone ante varias opciones, para anticiparse a lo que pueda pasar y saber conducir la situación.

El ejemplo más claro, como decía, lo vemos en los estudiantes ante un examen próximo. El clásico agobio de 48h antes. No se sabe por qué, necesitamos la presión de los últimos días para ponernos las pilas. Dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy, y mañana nos vemos incapaces de afrontarlo a plenas capacidades. Visualizamos el momento del examen con el grado de conocimiento actual; es decir, nos vemos dentro de dos días sentados ante los folios del examen, y creemos que lo vamos a suspender porque sabremos lo mismo que hacía dos días. Nos anticipamos, y para mal. Nos entran los agobios, no podemos concentrarnos, nos desanimamos, nos malhumoramos y a veces hasta decidimos mandarlo todo a la mierda y no presentarnos. Nos anticipamos.

La anticipación la vivimos constantemente. El padre que llama a su hijo al móvil, y el hijo no lo coge, por lo que el padre se pone a pensar que le habrán podido ocurrir mil cosas horribles a su querido hijo. Nuestra pareja, que la notamos rara y nos ponemos en lo peor, pensando posibilidades (absurdas la mayoría) y atando cabos ficticios para aclarar la situación que desconocemos y que además no podemos controlar.

Ése es un punto importante, pues la mayoría de las anticipaciones que nos causan repercusiones negativas son anticipaciones que no podemos controlar. ¿Anticiparnos es siempre malo? No, pues si está en nuestra mano que las cosas salgan de una forma u otra, la anticipación es buena. Volviendo al tema de los exámenes: si tengo un examen dentro de dos semanas y sé que tiendo a dejarlo todo para el último día, es bueno anticiparme y ponerme ya a pasar apuntes a limpio. Si tengo que salir de casa, y a la vuelta es posible que no haya nadie, debería anticiparme y llevarme llaves. Y como éstas, miles de situaciones más o menos cotidianas que podemos controlar, pues depende de nosotros y no de terceras personas.

En cambio ponerte de los nervios porque van a operar a tu padre, o porque tu novia no te ha llamado en dos días, aunque es inevitable porque somos humanos, es realmente inútil. ¿Estoy diciendo que si tu padre está en el quirófano no debas preocuparte? No. Estoy diciendo que cuando esa preocupación pasa a ser desmedida, se convierte en un síntoma patológico. ¿Estoy diciendo que si tengo un examen dentro de dos días no tengo que estar nervioso? No, estoy diciendo que si esos nervios te muerden las entrañas y no te dejan respirar, deberías pensarlo y ser consciente de que se está yendo de las manos.

No sirve de nada pensar si las cosas van a salir mal. Sé que es fácil reconocerlo, pero no tan fácil ponerlo en práctica… Y más si esta situación está asociada a un cuadro depresivo, otra gran patología tan común como las gripes.

En los malos momentos, yo, un cualquiera como cualquier otro, recomiendo que, para empezar, no se tomen decisiones importantes. No puedes decidir si dejar dejar tu trabajo en unos días depresivos. No debes. Las decisiones importantes deben meditarse en un momento de estabilidad emocional.

Recomiendo también que no ahogues las penas en una botella de ron. El problema es que el alcohol puede proporcionar alivio mental momentáneo, pero después vuelve la cruda realidad, unida a una gran resaca. Cuando tienes tristeza aguda (de estas que llegan y se van en unas horas/días), puede que te calme. La chica que te gusta no se fija en ti, te has enfadado con tu mejor amigo o te han echado del grupo en el que tocabas. Emborráchate si quieres y cágate en todo, tal vez te alivie. Pero si la tristeza no es aguda, sino crónica, mal camino es el de la botella. Cuando el mal que te ahoga por dentro no se va a ir en un par de días, beber hasta que te duela la barriga es hacer que mañana, además de tu tristeza interior, tengas los síntomas resacosos que te hacen estar de mal humor, con dolor de cabeza, irascible… Y ves las cosas peor que el día anterior.

En los malos momentos, además, debes rodearte de gente que te quiere. Porque si te quieren de verdad, querrán estar contigo ahí. A todos nos gusta estar en los buenos momentos de nuestros seres queridos. En los malos también, si de verdad los queremos, y nos reconforta más ser un apoyo que ser una comparsa de carcajadas. Al menos para mí.

Mantén la mente ocupada. Sal, haz cosas que requieran de tu coco. Si te vas a pasear tú solito por un parque, tal vez tu mente vuele y te estrelle. Si no vas a estar acompañado, lee, ve películas o toca música, pero no dejes tu mente en libertad. Es un buen momento para engancharte a Lost, a Dexter, a Juego de Tronos…

Si no se te pasa, acude a un profesional. La gente se cree que los psicólogos y los psiquiatras están ahí para casos de locos de atar. No. La mente, igual que un brazo, a veces se lastima y hace falta curarlo. Más gente de la que crees va al médico, y suele merecer la pena. Mucho.

Y por último, y en resumen, no pienses en qué ocurrirá mañana, dentro de 3 días o el mes que viene, porque nadie lo sabe. Trata de vivir el momento lo mejor que puedas, sin agobiarte por algo que no puedes controlar. Ánimo. Y para mí también.

  1. #1 por eari el 19 octubre, 2011 - 12:41

    Me ha gustado mucho, parece que me lo escribas a mí ahora mismo.😉

  2. #2 por Trilce el 19 octubre, 2011 - 19:54

    Pues sí, todo fluye.

  3. #3 por Fondos el 11 febrero, 2012 - 00:33

    Gracias por los consejos…. por las fotos, que son preciosas y por compartir en el blog.
    🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: