Cadáveres

Llevaba tiempo sin escribir, y ayer por la noche me dije que ya era hora de retomar, y aquí vengo a hablaros de los romanos. Y es que mañana por la tarde voy a Itálica. Para quien no lo sepa, Itálica es una villa romana fundada en el 206 aC., lugar de nacimiento del emperador Trajano, y que está a 20 minutos de mi casa. Itálica cuenta con uno de los anfiteatros más grandes del mundo romano, concretamente el tercero, tras el anfiteatro Flavio de Roma (más conocido como Coliseo) y el anfiteatro de Capua.

Es una suerte muy grande que tenemos los sevillanos, de contar con unos restos tan acojonantes al lado de casa.

El anfiteatro contaba con 25.000 localidades… Es decir, más que en el estadio Heliodoro Rodríguez López de Tenerife.  Y es curioso, porque Itálica nunca llegó a superar los 10.000 habitantes.

La serie de televisión Spartacus, y mi primo Álvaro me introdujeron el gusanillo por el mundo de los gladiadores, así que hoy voy a contar algunas cosillas curiosas.

Para empezar, diré que la típica frase de los gladiadores “Ave Caesar, morituri te salutant”  (Salud, César, los que van a morir te saludan), no era para nada típica. De hecho sólo hay constancia de que se dijera una vez, y ni siquiera fue dicha por gladiadores sino por condenados a muerte. De hecho, según Suetonio, que es quien recogió la cita, no dijeron “Ave Caesar”, sino “Ave Imperator”, a lo cual, Claudio contestó “Aut non” (O no…). Esto ocurrió en el lago de Fucino, en la actual provincia italiana de L’Aquila, en la región de Abruzzo. Y alguien dirá: “¿En un lago? ¿No será en un anfiteatro?”. Pues no, en un lago, y ahora veréis por qué.

Las batallas de gladiadores y demás juegos bélicos que tanto gustaban a Nerón, Calígula y demás, a menudo recreaban batallas contra pueblos que Roma había conquistado. De hecho, los distintos tipos de gladiadores venían inspirados de los guerreros  de los distintos ejércitos bárbaros, como los galos, los tracios, los hoplomachus griegos, o los reciarios, que curiosamente vienen de cuando los romanos conquistaros la zona de Gades (Cádiz).

Pues como decía, además de las batallas de gladiadores uno a uno, lucha contra fieras o cualquier otro espectáculo más o menos individual, muchas veces se hacían representaciones a lo grande de las batallas victoriosas de Roma. Para ello se construía dentro de los anfiteatros ciertos decorados, atrezzo, como empalizadas, bosques… Y se contaba con figurantes de excepción (principalmente condenados a muerte) que hacían de ejército contrario. Todo ello hacía que aquello pareciera una sangrienta obra de teatro. Y es aquí donde entra en escena el lago. A Julio César se le ocurrió que molaría representar una batalla naval, por lo que mandó construir un lago artificial en Roma para representarla. Con el paso de los años y los emperadores, se fueron construyendo piscinas, o delimitando lagos naturales para que hicieran de escenario para las neumaquias, que así se llamaban estas representaciones.

Nerón da una vuelta más de tuerca cuando se le ocurre que en vez de irse a una piscina, es más cómodo (para él al menos) que se desvien las aguas de la ciudad hacia el anfiteatro, con el fin de inundarlo y hacer allí una neumaquia. En en Coliseo por ejemplo se celebraron varias.

Volviendo a la famosa neumaquia del lago Fucino, Tácito recoge esto en sus Anales:

“Por la misma época, tras cortar el monte que hay entre el lago Fucino y el río Liris, y a fin de que una obra tan colosal pudiera ser visitada por las masas, se organiza una batalla naval en el mismo lago, tal como en otro tiempo había hecho Augusto con ocasión de la construcción de un embalse al otro lado del Tíber, aunque con naves ligeras y una tropa menos numerosa. Claudio armó trirremes y cuatrirremes y también a diecinueve mil hombres; había hecho rodear el perímetro del lago con balsas para que no quedara escapatoria alguna, pero eso sí, delimitando un espacio para las maniobras de los remos, las artes de los pilotos, los ataques de las naves y las demás acciones propias del combate. En las balsas se habían apostado manípulos y escuadrones de las cohortes pretorianas y en la parte delantera se habían montado unas plataformas para disparar desde ellas las catapultas y ballestas. El resto del lago lo ocupaban los marineros en naves cubiertas. Una multitud innumerable llenó las riberas, las colinas y las partes elevadas de los montes, como si de un teatro se tratara; unos procedían de los municipios próximos y otros de la Ciudad misma, llevados por la mera curiosidad o por honrar al príncipe. Éste, vestido con un manto llamativo, y a su lado Agripina, con una clámide dorada, ocuparon la presidencia. Se peleó, a pesar de ser entre malhechores, con un espíritu propio de valientes guerreros y, tras muchas heridas, se les perdonó la vida.”

¿Y todo esto qué tiene que ver con el título del post? Pues poco o nada, salvo que los cuerpos de los gladiadores muertos se daban de comer a los gusanos… caro data vermibus (carne dada a los gusanos). Y precisamente de ahí viene esta curiosa palabra: CAro DAta VERmibus. CA-DA-VER.

  1. #1 por avadore el 11 septiembre, 2011 - 20:13

    Una de las máxima de Horacio era que había que aprender deleitando. Pues bien, eso es lo que has conseguido con esta lectura. Muy enriquecedor.

  2. #2 por Ivan Stern el 16 octubre, 2013 - 11:28

    Excelente y enriquecedor… Ojala se pudiera aqui leer mas sobre las costumbres de la antigua Roma.

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