La graduación, ese gran paripé

No tengo nada en contra de la gente a la que le hace ilusión graduarse, cada uno es feliz de la forma que puede. Pero yo sigo asombrándome del comportamiento humano.

Estamos en una época en la que nos encontramos miles de fotos de conocidos con su bandita azul al hombro, sus mejores galas (no olvides comprarte un vestido para estrenar en este día taaan importante) y su sonrisa de oreja a oreja porque se han graduado. Les queda aún curso y medio para terminar la carrera, pero eso es lo de menos; lo importante es ir bien vestido y hacerte muchas fotos con tus padres, que están contentísimos de que su hijo, el que se toca los huevos a diario y parece que nunca acabará la carrera, se gradúa ya.

También hay que hacerse muchas fotos con tus compañeros de clase, tanto con los más coleguillas como con los que nunca has hablado. Hoy todos sois amigos del alma.
Pero lo más importante no es eso, es irte luego de fiesta a celebrar lo que todo el mundo sabe, pero nadie llega de verdad a darse cuenta: que lo que importa no es el contenido (vacío) sino las formas (la rimbombancia al poder).

Pd: Evidentemente yo no fui a mi graduación, pese a ser de los pocos (y esto tiene cojones estudiando un magisterio…) que de verdad me estaría graduado con el pleno sentido de ese verbo que hoy día tiene otra acepción tan chachi:

graduar.

(Del lat. gradus, grado).

n. tr. Hacer el paripé. ¡Qué feliz estoy! ¡Esta tarde me voy a graduar!.

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