Trapos sucios

Hoy ha sido la primera noche después de muuuchos días, en que he vuelto a dormir a oscuras. O casi, porque el cielo de Sevilla es rojo, y cuando truena se pone morao. Pero la luz que  daba calorcito a mi ranita ya se ha apagado, porque ya no hay ranita, básicamente. No soy médico, pero yo diría que murió de meningitis, por ejemplo.

Me he despertado bien, pero mi pereza es tal que apago la alarma una vez, y otra vez, y otra… Y cuando lo pienso, me saldría más rentable poner la alarma 25 minutos más tarde y levantarme a la primera, que estar durmiéndome y despertándome cada 5 minutos… Porque además sé el truco para despertarse. Cuando hace frío y tienes sueño, lo mejor para entrar en calor y despertarte es manipular tu entrepierna. Osea, nada pecaminoso, sólo rascarse un poquillo la zona hueval, y el sueño y el frío desaparecen como por arte de magia.

Te levantas y ahora sí pica, no los huevos, a quienes ya has vacunado antes. Ahora pica la espalda, pero mi inflexibilidad es tal que no me llego. Y es una putada. Desarrollé varias técnicas de rascado alternativas, pero a día de hoy la más efectiva es el rascado por escofina. Cualquiera que haya dado clase de tecnología en la ESO debe saber lo que es una escofina. Pues con eso me rasco yo la espalda. Más bruto que un bocata de escombros, pero efctivo.

Luego voy a la cocina y al abrir la nevera veo que hay 7 (siete!!!) tabletas de chocolate. Y 6 de ellas son chocolate con naranja. ¿Alguien me lo explica? ¿Qué clase de aberración es ésa? El chocolate de toda la vida tiene que llevar un poquito de leche y punto. Bueno, pero la última tableta no es de chocolate con naranja, es de… ¿Chocolate con menta? ¿Pero esto qué mierda es?… En fin, así va el mundo.

Al cerrar el frigo (sin coger nada, porque aparte de chocolate mancillado, no había nada susceptible a ser desayunado), veo que en el estante de al lado hay varias medicinas extrañas, en las cuales hay algo escrito con boli. Claro, tu vas al médico y te receta cualquier cosa… Pues en mi casa somos tan listos que en vez de escribir para qué tipo de síntomas es ese medicamento, escribimos el nombre de quien la tomó primero… Osea, que si yo voy al médico porque me he hecho una quemadura y me manda una crema, en vez de escribir que esa crema es para las quemaduras, escribimos mi nombre, mucho más útil…

Luego voy al baño a lavarme los dientes y veo que hay 6 cepillos… Y en mi casa vivimos 4 personas… No me salen las cuentas. Mamá, si compartes el baño con los vecinos, exijo acceso a su frigorífico. 6 cepillos… Y 4 dentífricos distintos. Y ojo, 4 porque ayer tiré yo uno que estaba ya acabado. ¿En serio que necesitamos tantas pastas? Porque yo creo que todos vamos a por la misma, la más apetecible, que estos días es colgate, con ese colorcito azul… Las otras son las típicas blancas feas.

Al ir al salón a buscar las llaves de casa me doy cuenta de que junto a la tele no hay uno, ni dos, ni siquiera tres, sino tropecientos mandos a distancia. Uno de la tele, otro del canal+, y el resto no valen: uno de un dvd que no sólo nadie usa, sino que el dvd no está ahí siquiera. Pero el mando sí. Ya van 3. El mando de la tele antigua, que está en el pueblo, pero el mando se quedó aquí, vete tú a saber por qué. Ya van 4. Otro mando que a día de hoy no sé de qué puede ser, pero ahí está. Ya van 5. Otro de una minicadena que nadie ha usado nunca. Bueno, la minicadena la usé yo una vez que me quedé sólo en casa y en vez de irme a la comodidad de mi ordenador, me puse la música en el salón. Nadie ha vuelto a usarla, pero el mando está por allí rulando. Ya van 6. Y hay un séptimo, que no estoy seguro, pero tengo mis sospechas de que en realidad está lleno de caramelos, porque es un mando tela de cutre que cuando lo mueves suenan dentro cositas… Nadie sabe de dónde vino o a quién pertenecía, e igualmente nadie se atreve a tirarlo…

En fin, así son los 15 primeros minutos de cada día de mi vida.

  1. #1 por La pobrecita habladora el 23 febrero, 2010 - 19:18

    Me he divertido bastante leyendo tu crónica rutinaria. Pero lo que más gracias me hace es que gran parte de las cosas que has puesto me ocurre u ocurre igual en mi casa. Excepto lo del chocolate, que menos el de menta, debo decirte que el de naranja lo habría recibido buenamente entre mis garras.
    Lo de los cepillos de dientes,jaja, igual. Imagínate mi casa, con 7 que éramos. Un día conté creo que 13 y no se trata de la exageración sevillana. Ahora, no tiré ninguno, los cepillos están para respetarlos.
    Por cierto, Colgate no es de color rojo?

    Ah, la concatenación de ideas me ha encantado, sobre todo el paso del fallecimiento de tu ranita sin nombre y el paso a la comida. Vamos, yo habría hecho lo mismo, unas ancas con chocolate, no-te-digo-na!😛

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