Ya llegan los reyes

En mi casa de hecho ya han llegado. Se han portado bastante bien, contrapronóstico, pero ahí han estao, como todos los años. Sobre todo, y no es por echarme cohetes, pero porque este año he estado inspirado. De hecho se me ha ido un poco la olla, y entre los reyes y la reparación de las averías de mi coche me he fundío más de 300€, todo lo que tenía ahorrado, que me ha tenido que invitar a cenar hoy mi primo y todo. Pero empecemos desde el principio (aunque esto va a resultar largo).

Ayer… Vaya tela ayer. Por la tarde sobre todo. Mi tía Ana se volvía a Madrid después de pasar aquí unos días con nosotros, ya que nosotros este año no hemos podido ir pallá como es costumbre. La estación está cerquita de casa, pero como llovía y la maleta pesaba, la acerqué con el coche como buen sobrino que soy. En principio la iba a dejar y me volvía a casa, pero como dice mi primo, ya que estoy en el convento, me cago dentro, y ya que salgo, pues me acerco al vivero a comprar cosillas para mi bonsai.

En Sevilla cuando caen cuatro gotas la gente sufre infartos cerebrales que les merman sus ya de por sí limitadas capacidades para conducir con normalidad. Pues si encima diluvia y hasta graniza (con por lo menos 14 o 15 grados de temperatura que hacía, yo no lo entiendo…), pues la gente directamente no circula, ovala (chiste malo de maestro de matemáticas).

Pues nada, a duras penas aparco lo más cerca que puedo del vivero, es decir, en el culo del mundo, y sin paraguas ni nada, ya que en un principio no iba a salir del coche más que para subir a mi casa… Pues llego (hasta la bola de agua) al vivero, y por primera vez en mi vida tengo la sensación de que no sólo no intentan venderme cualquier cosa, sino que de hecho parece que no quieren que compre…

– Buenas, tengo un bonsai chiquitito y me gustaría saber qué tipo de abono tengo que comprarle

– Ui abono… Eso todavía no. Abono no, no…

-Ah… Bueno… Igualmente quería comprar unas tijerillas o tenacitas para la poda, y hormonas para que le salgan raices a los esquejes…

– Pero si el bonsai es pequeño no cortes todavia, eso espérate a más adelante y ya está.

– Bueno… Emmm… Y también venía a comprar tierra. Porque imagino que la tierra no será la misma que para las plantas normales…

– No no, es tierra especial para bonsais, más ácida… Pero eso cuando crezca más, hasta que no se salgan las raices del tiesto no le cambies la tierra ni transplantes.

Esto no es normal. Me alegra que me digas cómo y cuándo debo hacer las cosas, ¿Pero por qué no me quieres vender nada? ¿Y si prometo no usar nada de lo que compre hasta que sea conveniente?… En fin, yo cortao y un poco hasta los huevos, me iba ya, cuando veo un pino enanito, muy chulo, y decido un último y desesperado intento por no volverme con las manos vacías:

– Disculpe otra vez, estos pinos que tiene aquí crecen un poquito más ¿Verdad? (atención, no pido mucho, con “un poquito más” me vale)

– Ui qué va. Esa variedad así se queda y es lo que hay. Hasta luego!

¡Me echa! ¿Cómo que “hasta luego”? Eso debo decirlo yo que soy el que decido cuándo me voy… Pero qué va, la mujer me cortó el punto de una manera… Y me fui. Y no vuelvo.

De camino al coche, andando dirección “la quinta puñeta” paso por una farmacia. Por la mañana había ido al médico a que me mirase una heridita que tengo en la mano, y me recetó una crema.

– Papá, necesito la tarjeta de la seguridad social para que me acepten la receta?

– Nah (léase con tonillo de padre ante una pregunta obvia de su hijo). Eso lo ven ellos, ven tu nombre y ya está.

– Buenas, venía a por esta crema

– Claro, déjame tu tarjeta de la seguridad social para apuntar el número, que lo que pone aquí no me vale, viene informatizado, y sin el número la junta no nos paga los medicamentos que te lleves.

Mi primo Álvaro se ha marcao unos buenos reyes con un reloj casio (el típico de toa la vida que tanto tiempo llevaba yo queriéndome comprar) y una cartera de cuero con motivos grabados de Pink Floyd, muy chula, pero donde caben muy poquitas cosas. Y la tarjeta, cómo no, es de las cosas que dejé en la antigua cartera. Ole yo. Pues nada, ya las compraré cuando tenga a mano la tarjeta… Pero el tío se fue de buena gente al máximo:

– Bueno, no te preocupes, toma el número de la farmacia y cuando llegues a casa me llamas diciendo que eres el que le faltaba el número y yo lo apunto.

Pues nada, pa casa que se ha dicho. Pero el coche hace unos ruidos muy extraños desde hace varios días. Como un grillo chirriante que no se calla nunca… Vamos a llevarlo al taller, aún no son ni las 6, me dará tiempo antes de que cierre. Sí, y un pulpo a la gallega. Hora y media pa recorrer 2 km escasos. Un tráfico brutal, fomentado por la lluvia incesante y las también incesantes obras de Sevilla (yo lo aviso, van a despertar al Balrog). Pues nada ya llegando al taller, a eso de las 7:30, parado en un miniatasco, encuentro a un peatón que resulta ser un viejo amigo del que no volví a saber a raiz de ciertos incidentes de hace ya más de dos años que afectaron indirectamente a nuestra amistad, una pena, pero ahora le reencuentro después de tanto, y eso que somos casi vecinos. Casualidades de la vida, él también iba al taller, pero a recoger su coche, a punto ya de que cierren. Hablamos y hablamos, mientras yo dejaba mi coche y él cogía el suyo, y como no quería dejar de hablar me monté con él y le acompañé a su casa. 20 minutos para darle la vuelta a una manzana, desesperante. Pero en buena compañía y sin grillo chirriante que me coma las neuronas estuvo mucho mejor.

Al llegar a casa, a eso de las 8:30 llamo a la farmacia pero no lo cogen. Llamo y llamo y no lo coge nadie. Y esta mañana igual, nadie… Me sé ya el teléfono de memoria (y no, no me he equivocado de número, viene escrito tanto en sus bolsitas personalizadas como en sus tarjetas de visita… Sí, esta farmacia tiene tarjeta de visita). No me quieren coger el teléfono. Yo es que no lo entiendo. Porque puedo creer a duras penas que una farmacia cierre antes de las 8:30 de la tarde, pero lo que no me creo es que también cierre un martes laborable toda la mañana. Puede ser que tuvieran mucha gente en ese momento, quién sabe. Por eso mismo mañana volveré a intentarlo, pero como no lo cojan se van a quedar sin el dinero de mi cremita para pieles heridas… Bueno, aunque en realidad todos sabemos que si no me lo cojen acabaré yendo a la farmacia y dándole el número en persona, porque realmente me gustaría que la gente pudiera fiarse de los demás, y ésta es una buena forma de poner mi granito de arena.

Pero mi ordenador hizo un amago de morirse, se mascaba la tragedia y decidí hacer una buena limpia, preparar el terreno para sacar las cosas que de verdad debo salvar antes de que ocurra del todo lo inevitable. Mirando y leyendo y escuchando me puse nostálgico y melancólico, pero una tal M (por lo visto) no sé bien cómo, de hecho no sé si fue ella o fui yo, pero me animó la noche y dormí chachi piruli por la noche. Y me desperté igual de bien y así he seguido hasta ahora. Pese a todo:

Cambiarle la correa de distribución a mi coche, engrasarle el volante y dos o tres chuminaditas más me ha costao un ojo de la cara que me ha dejao hasta que retome las clases ni más ni menos que con 3€ contantes y sonantes, así que a cenar me ha invitado mi primo Álvaro, como tercer regalo de reyes. Me ha llamado justo cuando iba a terminar de  hacerle la batería a mi última canción, un pelotazo, de estas canciones sencillas y comerciales con las que los quinceañeros flipan. Porque la última que hice (que pronto subiré al myspace, cuando me dé por echarle un ojo al abandonado myspace…), la única persona a la que se la he pasado me ha dicho simplemente que “es un estilo de música un poco raro…”. Lo cual es bueno, pero también quiero que otras amistades mías escuchen lo que compongo sin que les resulte incomprensible (que ni mucho menos es para tanto, pero OT ha hecho mucho daño).

En fin, que he abandonado mi archivo de guitar pro para irme al McDonalds, que cada vez me gusta menos, ni punto de comparación con Burguer King. Lo mejor sin duda, a parte de la compañía insuperable de mi primo, ha sido encontrarnos con algunas de las niñas del campamento, las mayores. Qué alegría que se acuerden y vengan corriendo a dar un abrazo a sus monitores.

En casita ya reparto de regalos. Para mí, a parte de los mencionados de mi primo, una camisa de mi hermano, un libro de mi madre, y mi padre un reloj, un boli con radio y otro boli con luz, láser y una luz con la que se ve si un billete es falso o no (los regalos de mi padre siempre son lo más insospechado, me encanta). Ah, y el paquete enorme de chucherías que no falte nunca. Todo esto, las caras de mis padres y mi hermano con sus reyes y la victoria del Sevilla me han terminado de alegrar el día, aunque ya de por sí estaba muy contento.

Felices reyes a todos =)

  1. #1 por Trilce el 6 enero, 2010 - 11:13

    Me alegro de que saliera bien la cosa. Eso sí, hoy no intentes llamar a la farmacia porque estará cerrado, mejor mañana, que ya no será festivo.

    Saludos.

  2. #2 por Iræ el 8 enero, 2010 - 11:55

    Cierto, el Burguer King le da mil patadas al McDonalds. Sobre todo desde que han hecho la Cheesy Wopper, que me la pido sin hamburguesa y puedo comer felizmente en el Burguer aun siendo vegetariana. Nyam, qué rica está.

    Por cierto, yo sigo flipando con lo de la tienda de bonsáis. ¿Por qué hicieron eso? ¿No querían que les pisaras mucho la tienda porque estábas mojao por la lluvia o qué? xD

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