Leif Eriksson y el Nuevo Mundo

Mucha gente sabe que Cristóbal Colón no fue el primer europeo en llegar a América, pero mucha más gente no lo sabe, y vengo a contaros la aterradora verdad.

La historia se remonta a finales del primer milenio de la era Cristiana. Erik Thorvalsson, llamado Erik el rojo, no era muy sociable. Tiene que largarse de Noruega por una pequeña matanza, ya sabes… Debió de ser una cosa loca pa que los vikingos (con lo que eran los vikingos) no quisieran ver más por ahí sus greñas pelirrojas. Y se fue, hasta luego Lukasson. Cogió un barquito y tiró para el oeste, a Islandia, donde se ve que tampoco hizo muchos amigos y volvió a verse exiliado. Esta vez, según cuentan las sagas, fue por cargarse a un granjero y también a su vecino, que no le devolvía una pala que le había prestado (o que el vecino le había prestado a él y no se la quería devolver, vete tú a saber…).

Le cogió gustillo a eso de ir para el oeste, y llegó a una tierra casi sin explorar por su gente, que Erik reclamó como su descubridor. Se tiró tres años explorando por allí y encontró una zona libre de hielo que podía ser guay. Pretendía establecerse y fundar una nueva colonia donde hacer nuevos amiguitos, pero sabía que sin publicidad lo iba a tener complicado, así que eligió un nombre con gancho: Groenlandia, la tierra verde. Pensaba que los que las pasaban putas en “la tierra del hielo” (Islandia) tal vez se sintieran atraídos a emigrar a esta nueva tierra con un nombre mucho más bonito (porque es bonito, eh?). Y le dio buen resultado (el éxito de ikea y demás escandinaviadas viene de antiguo). En torno al año 985 volvió a Islandia contando vete tú a saber qué milongas, y mucha gente se fue con él, y de hecho con el tiempo llegaron a ser unos 4000 tíos por allí corriendo muertos de frío.

Erik tenía cuatro churumbeles, y uno de ellos es Leif, nuestro Colón de las nieves. Leif había salido aventurero, y prestó atención a unas historias sobre una tierra con muchos árboles, salmones y viñedos… Y claro, los ojos como platos, que allí estaban a dos velas en todos los sentidos. Así que Leif, viendo que el oeste siempre había sido muy recurrente para su familia, se le ocurrió ir aún más allá y hacia el año 1000, dirigió una expedición, que acabaría siendo la primera europea en pisar suelo americano.

Llegaron y pasaron por varias zonas. Una la llamaron Helluland, que es “la tierra de las piedras planas”. Había mucho arroyuelo por allí, pero no les convenció demasiado, supongo que ellos eran más de piedras redonditas para jugar a la petanca. Luego llegaron a Markland, “la tierra de los árboles”, y aunque los árboles escaseaban en Groenlandia (sí, en “la tierra verde” no había árboles… no quiero saber entonces de dónde salía eso de verde, si de los moquillos de los vikingos o de qué…), de árboles no vive la gente, y menos un vikingo.

Ellos querían el vino que les habían dicho que había y buscaron a ver dónde estaban las uvitas. Y llegaron a Vinland, “tierra de viñedos”, y allí se quedaron a pasar un etílico invierno. O al menos eso fue lo que contaron a su vuelta a sus compañeros groenlandianos para que se unieran, aunque parece ser que en realidad de viñas poca cosa se veía por allí (pero ya sabes, igual que su padre con lo de “tierra verde”, tenía que vender su descubrimiento por lo legal o por lo criminal). Aunque eso sí es verdad, Vinland y la colonia que allí montó Leif, Leifbundir, era un sitio mucho mejor para vivir, con más recursos y un clima menos extremo. Así que pasado el invierno volvieron a Groenlandia y reclutaron más gentecilla.

Leif y sus vikingos se sentían felices, aquello comparado con Groenlandia era casi el Valhalla, pero pronto descubrieron que allí ya vivía gente, una gente hostil y fea (skraelings les llamaban, “hombrecillos feos”… Se curraban los nombres…). Según las crónicas, un día les visitaron 9 feos y los vikingos se cargaron a 8, pero uno especialmente feo escapó y como los gitanos, volvió con toda su estirpe y allí se lió la de Caín. Tuvieron sus más y sus menos durante un par de años, y parece ser que nunca llegaron a entenderse. Y los vikingos, que no eran tontos, viendo que a la larga, sin refuerzos ni leches les iban a dar pal pelo, que necesitaban su apoyo militar y sus cositas, pues decidieron retirarse a tiempo y abandonaron Vinland, dejando allí unos clavos, algunas agujas y poco más. Lo necesario para que en el siglo XX con las pruebas del carbono14 sepamos que estuvieron allí asentaditos.

Se ve que de vez en cuando volvieron hacia la zona de Markland, para llevarse algunos arbolitos y demás, pero hacia mediados del siglo XIV se dejaron de expediciones (o al menos las crónicas dejan de mencionarlas). El asentamiento de Leifbundir se puede visitar (aunque lo que hay es recosntrucción, pero menos da una piedra) en  L’Anse aux Meadows, en Canadá.

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  1. #1 por AIRON el 4 julio, 2009 - 21:53

    Sabía que los vikingos habían llegado antes y habían ido varias veces a expoliar y volver (como los españoles, pero sin echarse la siesta, ir y volver directamente)…, pero lo que no sabía era que era este tío.

    Mira que me gusta investigar, pues nunca me había dado por mirar esto, se agradece la historia 😉

    Por cierto, podía haber usado su apellido “Eriksson” para llamar a to los vikingos para que le ayudaran, aunque supongo que no lo haría por lo caras que son las llamadas en el extranjero… 😀 (Lo sé, estoy nominado).

  2. #2 por pedro el 25 agosto, 2009 - 21:32

    Estoy convencido de que los vikingos anduvieron por esa zona, lo mismo que por toda europa y de la misma forma dejando memoria infausta de su paso. Su filosofia era muy simple, llegaban para robar, violar, matar e incendiar. No es extraño que no fuesen bien recibidos en ninguna parte. Donde quiera que llegaban era peor que la peste, o al menos eso es lo que ha trascendido en todas partes sobre esta gente.

  3. #3 por ktulu el 26 agosto, 2009 - 10:27

    es verdad lo que dice Pedro. pero como en todos lados hay excepciones. aquí en Sevilla se quedó una colonia de vikingos que decidieron dedicarse a hacer quesos. Y sus descendientes aún siguen en Coria del rio

  1. El calentamiento global, la pequeña Edad de Hielo y los Stradivarius | Pa mi pochaquilla

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