Volar II

Ya es de día otra vez. Lo sabe, pero no quiere despertarse y vuelve a intentar dormirse. No estaba soñando nada en concreto, así que no podía poner en práctica su técnica de “rebobinar” unos segundos y continuar la historia en su cabeza hasta quedarse de nuevo dormido. Pero aún así, parece que cerró los ojos y durmió.

Algo le despertó, y sabiendo que no iba a volver a dormirse, se sentó en el ordenador, que estaba encendido. En la pantalla, alguien escribía para que él lo leyera. Un texto que ya cubría media pantalla, y cada vez más y más palabras eran escritas. Sólo consiguió entender entre aquella marea de letras el nombre de quien le escribía, un simple “JAJAJA :)”, que aunque nunca lo había visto, no le resultaba del todo desconocido.

La pantalla de repente quedó en negro y no pudo leer más. Se levantó de la silla y fue a la cocina a comer algo, pero en la cocina no había nada. No había rastro de frigorífico, horno o fregadero, sólo azulejos blancos con palabras escritas, que seguían escribiéndose sin parar, sin dar descanso a su mente.

No quiso ir a ver si sus padres estaban bien, porque no quería encontrarse con que tampoco estaban ellos… O peor, empezar a ver letras también por el cuerpo de sus padres, como si fueran macarras tatuados. Pero algo le llamaba hacía el fondo del pasillo. Salía un poco de luz por la puerta de sus padres, que estaba entornada. Dentro parecía haber movimiento, al menos algo se movía entre la luz y el hueco de la puerta, proyectando sombras que caminaban en círculos. Despacio, sin hacer ruido… Pero como suele pasar, sí que hizo ruido. Aún se estaba preguntando cómo le había podido crujir la rodilla en un momento como ése, y al mirar hacia la puerta, lo que se estuviera moviendo en círculos se quedó quieto.

Con pasos pequeños, no muy firmes ni seguros, llegó hasta la habitación y miró entre el marco y la propia puerta. Sólo veía una pequeña parte del cuarto, pero donde debería estar una cómoda y un espejo, ahora sólo había pared vacía. Abrió la puerta del todo con la decisión que solo el miedo puede dar, y lo que vio le dejó noqueado. La cama de sus padres, sin cabecero, había sido arrastrada hasta el centro de la habitación. Tanto el cabecero como todo lo demás había desaparecido. Sólo estaba la cama, y nadie en la habitación. No sabe muy bien por qué, pero se agachó y levantó la faldilla del edredón que cubre la cama. Algo le miraba desde allí.

Unos ojos grandes, plateados, fijos en los suyos. Y nada más. Lo que aquello fuera extendió despacio una mano negra hacia él. Se apoyó como pudo en el colchón y trató de sacar la cabeza de debajo de la cama, pero desde fuera algo le empujaba hacia dentro.

Intentó salir, forcejeó, pero cuanto más empujaba hacia fuera, más se introducía debajo de la cama… Giró la cabeza hacia dentro y vio los ojos muy muy cerca. Una cara inanimada, impasible, y una boca negra que comenzó a abrirse. Se abrió más y más, hasta cubrir sus ojos, y más y más, hasta tapar la poca luz que aún entraba por debajo de la cama… Y más y más y más… Hasta que no quedó nada.

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