Más vale tarde que nunca

Eso ha debido pensar mi madre cuando ha entrado esta mañana por la puerta con un gato entre los brazos…

Desde que tuve uso de razón, siempre quise tener un gato. Me gustaba esa sobriedad y seguridad que daban al caminar, tan independientes… Yo quería uno. De hecho en 1º de primaria me inventé en clase que tenía un gato, porque me daba envidia que la mayoría de mis amiguitos tuvieran gatitos y/o perritos y yo no. La solución de mis padres siempre ha sido la de “vale, lo quieres, pero como todos sabemos que no te vamos a comprar uno, te vas a conformar con unos pececitos”. Eso sí, yo fui el único de la clase con un acuario enorme en casa. Estaba guay, pero yo quería un gatito.

Pasaron los años y me planteé seriamente llevar uno a escondidas a mi casa. Una vez dentro no habría manera de sacarlo. Pero nunca me decidí. Y ahora, cuando poco a poco me voy dando cuenta de que tener un animalito en casa es un incordio más que otra cosa, que no tengo nada de ganas de limpiar caquitas, quitar pelos o aguantar ladridos/maullidos, ahora viene mi madre y me pone un gatito en casa.

Lo peor es que tanto tiempo autoconvenciéndote de que en realidad no lo quieres, se tambalea en cuanto lo tienes. Mi madre era la primera que no quería animales en casa, por lo expuesto anteriormente, y además, porque en un piso enano (vivo en un archivo .zip, por si alguien no lo sabe) no se puede tener un gatito/perrito, que si te vas a algún lado tienes que contar con él, que hay que estar pendiente de vacunas y cuidados veterinarios, que no es un juguete que si un dia no tienes ganas de usarlo te olvidas de él, y que luego se mueren y te hartas de llorar. De chico no lo entendía, pero ahora lo comparto.

Pues ahora esta mujer me trae un gato.

He tenido que tomar una difícil decisión, y es que aunque en el lado más infantil de mi corazón (que es un lado bastante grande) ese regalo ha sido como maná del cielo, me ha dado mucha penita del gato. Si fuera recién nacido tal vez hubiera cambiado de opinión, pero el gato debe tener ya varios meses y está hecho a la calle. El rato que ha estado en casa se lo ha pasado llorando y buscando una salida, sin echar cuenta ni al cuenquito de leche ni a nada de comida. Si yo fuera él no me gustaría que me recluyeran y me sacaran de mi calle, con mis amiguitos gatos (y gatas sobre todo…).

En fin, el gato ha vuelto al jardincito de donde salió y mi vida sigue.

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  1. #1 por LaPesadaDeSiempre=P el 22 marzo, 2008 - 02:03

    Mi gatita está preñada. ¿Quieres que te mande un gatito asturiano ^_^? xDD

  2. #2 por Irae el 22 marzo, 2008 - 10:40

    Jo, qué triste, será que hoy estoy demasiado sensible pero me ha llegado.

    Yo siempre he tenido gatos en casa, pero lo que yo quería de verdad era un perro. Y me pasó como a ti: mi madre siepmre dijo que no hasta que hace dos años le dió por llevarnos a la perrera para adoptar un perro. Al principio ver a la pobre perrilla gemir y sin saber dónde estaba me partía el alma y estuve a punto de arrepentirme, pero pasaron los días y ahora es una más de la familia (y sospecho que la “hija” preferida de mis padres ¬¬).

    Un saludo, no sé como llegué a tu blog pero me encanta.

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